martes, 4 de mayo de 2010

EL DERRAMAMIENTO DEL PETRÓLEO CRUDO EN ALTAMAR

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
 
Mucho se ha hablado y escrito acerca de este siniestro ecológico sucedido en las cercanías de las costas del país más publicitado del universo. Estados Unidos sufre una tragedia en su propia cara y hasta Irán ha ofrecido ayuda para mitigar esta catástrofe. Desde 1989 cuando el Exxon Valdez derramó 34 millones de petróleo en una superficie de 6 mil kilómetros del mar no hay en la historia otro desastre que cause tanta preocupación mundial.

Obama se ha trasladado hasta los lugares más próximos del origen del hecho. La rotura de la plataforma sucedió hace más de una semana y derrama 16.000 litros de petróleo sobre el mar que proporciona el 40% de riqueza de su vientre a la población norteamericana. Como líder debe diagnosticar el deterioro de una las fuentes de la alimentación de sus habitantes y la dimensión del daño que ocasiona ese accidente por el almacenamiento de petróleo de propiedad de la British Petroleum cerca de su territorio.

El tamaño de la mancha negra que avanza es cinco veces más grande de lo que se dijo inicialmente. ¿Fue una mentira de los responsables? ¿Se quisieron minimizar los perjuicios y su expansión por el océano? La multinacional ha salido a responderle a Obama que pagará los costes del desastre. Es un decir. Sí, obvio que debe responder civilmente por los daños reales y emergentes que sobrevengan. Vale decir, el costo del domo que se construye, de los químicos que se están empleando para calmar el desplazamiento de la boca que se abre cada minuto para tragar agua pura y especies marinas.

Se podrán mostrar las facturas de las horas de vuelo de aviones, helicópteros, de los barcos que acuden a hacerle cerco al líquido aceitoso que se vierte. Se podrá pagar la gasolina de los motores, el metal, la soldadura, los millares de plástico que cubren las costas para protegerlas. Se podrá negociar con las familias las muertes de 11 empleados.

¿Y cómo indemnizará la BP a los millones de habitantes submarinos y que vuelan por encima del mar, su ambiente vital? ¿Cómo devolverá a la vida a ballenas, pulpos, tiburones, delfines, peces grandes y chicos, a tortugas, a estrellas de mar, a cangrejos, a arenques, caballitos de mar, a las inocentes sardinitas y salmones? ¿Cómo le brindará cobijas y camas en qué pararse a las gaviotas, albatros y alcatraces que nos muestran las fotos sacudiendo sus alas que destilan por sus puntas el petróleo?

Los gobiernos tendrán en adelante una tarea para prevenir estos desastres que ya suceden en este mundo tan ávido de acumular para lucrar cada vez más. No bastará que la BP y Transocean paguen los obvios costos de una imprevisión que causa hoy un “genocidio” en especies animales y vegetales, verdaderos habitantes con vida que ocupan los mares y cruzan la tierra para dar comida a millones de humanos.

Tendrán que hacerse cálculos sobre el perjuicio total y sobre los “muertos” en este tsunami negro. La humanidad está herida en las fuentes que le dan vida, alimento, y que le dan belleza a la parte norte del Golfo de México. La ecología atraviesa por unos días luctuosos sobre los que no se ha reflexionado bastante. ¿La BP y la propietaria de la plataforma sembrarán nuevos corales, jaibas, atún y calamares, limpiarán los escondrijos y laberintos por donde juegan los erizos, peces, rayas, y les enviarán medicinas para que no lloren huérfanos por la pérdida de su habitat?

03-05-10 - 17:28 p.m.

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