EL DESCONOCIDO MAESTRO COLOMBIANO
www.adn.es/tecnologia/20071018/IMA-3444-Descu...
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Ayer viernes 14 hubo almuerzos, comidas, copas de champaña y día festivo para “celebrar” el inocuo espacio que se acostumbra en reconocimiento al valor de los maestros en Colombia. Un regalito, un bombón, un engaño para distraer la atención y desviar la importancia que su estatus merece.
¿Quién es un maestro? ¿Qué significa la misión del maestro en cualquier punto de la tierra? ¿Acaso lo sabe él mismo? El maestro es un pedagogo, un guía del niño, quien enseña como padre a dar los primeros pasos a quien se inicia en la escabrosa búsqueda de lo que es la lucha por la subsistencia y el encuentro de su camino propio.
El maestro es un ser dedicado en exclusividad a conseguir conocimientos y técnicas acordes con el avance de la época y de la tecnología para responder fielmente a su profesión. La sociedad confía sus hijos a su cuidado y el mundo espera que de la escuela, los colegios y las universidades ellos saldrán aptos no sólo para enfrentar la consecución de un trabajo y desempeñarse conforme a estándares previstos. El mundo ha llegado a niveles de competencia, desplazamiento de artefactos ya desuetos, a crítica certera de paradigmas y el maestro no lo puede ignorar.
Esta era de la globalización otorga lugares preeminentes a los resultados, a la acción, a la originalidad, al cambio, al intercambio, a la maquila, a la producción masiva, al rendimiento, a la inventiva. Está encaminada a la producción, al consumismo, a vivir entre el azar, el ensayo y el error a cada instante. El ser humano se mueve en un mar de olas fuertes y quien no esté bien preparado naufragará en el pesimismo o en la frustración de sus ideales.
No sólo los saberes de la ciencia, la tecnología y el desarrollo son hitos que debe tener en cuenta todo maestro en su labor. Hay otros resortes que hacen mover al hombre en el sentido correcto y que si no se hacen conscientes llevarán al traste su tarea. Son los llamados “valores”, palabra tan manoseada y desprestigiada. El respeto de los derechos, la convivencia sana, el cuidado de la Naturaleza y el ambiente, la disciplina personal, la investigación.
No se podrá llamar maestro a quien sólo se preocupe por “trasmitir” saberes y se apegue a lo poco que aprendió en la universidad. Que deje a los chicos a copiar modelos, a repetir lo ya encontrado en libros e internet. No se podrá llamar maestro a quien tolere la permisividad y voltee la cara a la violencia dentro de su radio de acción. El maestro realiza una acción sagrada de tutela de las costumbres, de colaboración en la guarda de la ley y él mismo deberá ser un modelo sabio y honesto ante sus pupilos.
Los días del maestro son todos los días. Cuando se viste bien, cuando cumple su deber, cuando prepara su clase, cuando mira a su alrededor y se cuestiona si lo que hace es relevante para el futuro de quienes vivirán en una sociedad más difícil que la suya.
Y el gobierno debe entender que descuidar la educación y dedicarse a hacer la guerra es un grave error. Por lo menos el pago y la capacitación para los maestros es un índice claro de lo que será el porvenir de la prosperidad de la nación.
15-05-10 - 10:23 a.m.


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