lunes, 17 de mayo de 2010

EL TRIBUNAL SUPREMO DE ESPAÑA VS BALTASAR GARZÓN

elperiodistaonline.cl/.../
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
 
El crimen de lesa humanidad está definido por el Estatuto de Roma, como “La persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos”

Insólito el caso del célebre juez Baltasar Garzón en España. La propia madre que lo tuvo en su seno y cobró fama por su valentía en defender a los Estados contra crímenes de lesa humanidad, ahora lo despoja de su calidad de hijo amado por intentar alegar contra los crímenes del régimen franquista. El Tribunal Supremo en pleno lo ha suspendido de su cargo y lo ha sentado, a cambio, en el banquillo de los reos.

¿La supuesta razón? El Supremo Tribunal lo acusa de supuesta prevaricación a la justicia por intentar revivir una situación vergonzosa pero saneada por la firma de un pacto. Al entregar Francisco Franco el régimen a la monarquía, se había firmado una amnistía o ley de punto final a los crímenes ocurridos bajo su Bota militar. En realidad, bajo las circunstancias que rodearon la cesión del gobierno de facto a la dinastía otrora caída, pesó más la tranquilidad de zafarse la nación de un yugo manchado, que el alto precio humano que suponía el pacto.

Sin embargo, el tiempo y los avances jurídicos de las naciones, han puesto en justa perspectiva la inviolabilidad de la vida de las personas e imprescriptibilidad de los crímenes contra los derechos humanos. Todo crimen, sea por desaparición forzosa, genocidio oficial o que sea considerado de lesa humanidad y que se atribuya a particulares o a un gobierno, jamás podrá negociarse. Mucho más si la Nación en cuestión ha suscrito Convenios internacionales que así lo convaliden.

Los ciudadanos del mundo y los demás estrados de Justicia miran con asombro cómo es que hoy sucede este caso incomprensible. Parece una resurrección de los tribunales del cruel inquisidor Torquemada. La Justicia podrá etiquetarse en las obras de arte como una señora ciega y contrahecha. Pero, como Borges, lúcida y con el goce de todas sus facultades mentales. No podrá el Tribunal Supremo refugiarse en laberintos y entelequias abstrusas para esquivar el reto y quitar el escozor del baldón que lo acosa.

La Justicia no es un patrimonio de una nación en especial. No es un producto aislado y conveniente que deba aplicarse en recinto cerrado sin que el vecino pueda observarlo. No. La justicia tiene ámbito universal cuando se trata de atropellos a vida humana. La justicia también es una medicina que se ha globalizado y se ha adaptado a la malicia y confabulación del crimen.

Grave sería este antecedente jurídico si este Tribunal Supremo llegara a despojar a Baltasar, con gran corbata verde, de su escaño por la valentía de enfrentar a los fantasmas emergentes de aquellos días aciagos de Guernica, de García Lorca, o del Alcázar de Toledo. Hoy todavía registran estos hechos las páginas de la historia y hasta los archivos actualizados de Internet. ¿Cómo es que el alto Tribunal los quiere hacer desaparecer o que den un paso al costado? Su eco todavía clama en los oídos y el pecho del mundo. ¿Cómo es que no lo oyen los magistrados en su propio suelo? ¿Se prestará a expulsar de su seno a los buenos?

El suelo de España ha recogido las lágrimas de desconsuelo del juez Baltasar Garzón. Si es verdad que nadie es profeta en su patria, vaya nuestra voz de trompeta de respaldo para un defensor de víctimas republicanas inermes muertas por manos infames.

17-05-10 - 11:04 a.m.

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