lunes, 17 de mayo de 2010

La economía “verde”

FABIO ARÉVALO ROSERO MD*
 
La economía y el consumo que nos impone el capitalismo industrial genera un modelo injusto de distribución de los recursos. Además está de por medio la enorme crisis ecológica del planeta y un modelo despilfarrador en el gasto. La producción y el consumo de bienes en el mundo no deben aumentarse, sino acotarse a los límites naturales impuestos por nuestra biosfera. Es propender por una economía sostenible, donde la conservación reemplace al consumo como fuerza motora.

Es lo que podríamos llamar un estándar de economía "verde", fundamento del modelo de Partido Verde Internacional, ligado profundamente a la ecología, la economía y la justicia social. La verdad es que necesitamos mucho menos de lo que consumimos, por lo que podría definirse como una política verde en economía como aquella que trata de tener "suficiente" y no "más", lo que va contra de todos los supuestos económicos de la sociedad industrial. Esta nueva economía debiera redistribuir las riquezas desde el norte hacia el sur, desde los países desarrollados a los más pobres.

Además, debería medir la prosperidad de una sociedad no en términos de cantidad de mercancía producida, sino por sus métodos de producción que cuiden del medio ambiente, protejan la salud humana y el florecimiento -que no la extinción- de diversas formas de vida. Detrás de toda cuestión medio ambiental están los campesinos sin tierra o los trabajadores que se ven obligados a destruir la naturaleza para sobrevivir, o los gobiernos, bancos y corporaciones que persiguen el crecimiento económico sin mucha consideración por la gente o la naturaleza.

Este modelo injusto hace que las personas vivan de maneras dispares, y el conjunto de los países industrializados y desarrollados empobrecen y depredan al resto, al consumir cantidades desproporcionadas de los recursos mundiales. EU, con el 5% de la población mundial, es responsable de cerca del 30% del consumo total de energía. Los 18 millones de habitantes de Australia tienen el mismo impacto sobre los recursos mundiales que 1.300 millones de africanos. Los más industrializados, están depredando el mundo.

Las naciones ricas que son responsables de al menos el 80 por ciento de las emisiones de gases invernadero, todavía siguen pidiendo al resto de las naciones que se esfuercen en reducir sus emisiones contaminantes. Además de no cumplir con los compromisos del protocolo de Kyoto, quieren que los más pobres tengan mayores restricciones. No quiere decir que sólo ellos sean los responsables, porque todos lo somos en mayor o menor medida; pero los países industrializados y las grandes potencias marcan tendencias en política económica y medio ambiental.

Países ricos como Japón, China y EU promueven las tendencias de consumo. Cambiar el carro cada cierto tiempo, renovar los aparatos tecnológicos con cada nuevo producto que sale a la venta, o consumir indiscriminadamente todo tipo de bienes y servicios son una buena manera de imitar los comportamientos y excesos de estas sociedades depredadoras. Economía y naturaleza (medio ambiente) no pueden ser opuestos. El desarrollo ecológico es posible, pero debe insistirse en el punto de que para ello no pueden seguir haciéndose las cosas "como siempre" o "como hasta ahora".

Se requieren cambios estructurales, de consumo, de política económica y de decisiones de las personas comunes y corrientes y de su implicación real en los procesos democráticos para exigir medidas renovadoras. Además, para que las soluciones medio ambientales sean eficaces, los desequilibrios económicos deben ser corregidos. Entre el norte y el sur, entre los países ricos y los países pobres, entre ellos y nosotros. Y para eso, todos tenemos que comprometernos y entre otras opciones, aportar en la construcción en el país, de un legítimo Partido Verde.

*Consultor EcoPlan International y World Streets

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