Antonio Jose Zuloaga
Los encuestadores del maniqueo y la desinformación han tenido que cambiar sus estrategias de manipulación y someterse a la arremetida de la candidatura verde que les ha obligado presentar unos cuadros estadísticos acordes a la realidad de las expectativas electorales.
Se aproxima la hora de la verdad electoral en este convulsionado virreinato de la motosierra y la coca llamado Colombia; estado garcimarquiano de los vivos bobos.
Las condiciones polarizadas de la campaña nos están encasillando en los más extravagantes y agravantes lemas publicitarios.
La ética y la moral no cuentan en esta etapa que se está dando a partir del repunte de la candidatura del verde esperanza luego de la constitución de la formula Antanas Mockus - Sergio Fajardo.
Los encuestadores del maniqueo y la desinformación han tenido que cambiar sus estrategias de manipulación y someterse a la arremetida de la candidatura verde que les ha obligado presentar unos cuadros estadísticos acordes a la realidad de las expectativas electorales.
Saurios de toda índole se agolpan en los sanedrines con el fin de adoptar estrategias, medidas, formulas y presupuestos que reanimen al moribundo, llegando a proponer entre otras estrategias el llamado a Juan Carlos Pastrana para que asesore al candidato, olvidando las rencillas del pasado cuando desde los estrados de La Prensa pregonaba los epítetos de ‘Cocoa y Cocoita’.
Apremiantes son las adopciones de nuevas estrategias ante la popularidad verde, el temor a la extradición, el temor a la esperanza de un pueblo cansado de la corrupción, la violencia, el saqueo y la ignominia de un establecimiento apátrida con el síndrome de Hitler que odia a los pobres en razón a la robinhunesca actuación de aquellos personeros sin personería que dicen ser sus defensores y obraron cual Tanatus contra el padre de virrey.
Así de candentes están las apuestas electorales en este episodio: sin ‘segundazos’, sin vueltas ni revueltas, sin idas y venidas que mejor evitaremos antes de que nos salgamos de los marcos éticos y empecemos a caer en los epítetos de transgresión emotivos contaminados por el momento histórico colombiano.

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