¡Todos tenemos la culpa!
Aunque falta un buen trecho por recorrer, ya empieza la feria de las postulaciones. Me refiero a la importancia de las próximas elecciones: concejales, diputados, alcaldes y gobernadores. Por desdicha los candidatos no surgen de la base popular. Siempre se ha sostenido que el pueblo vota, pero nunca elige. Y claro, ¡todos tenemos la culpa! Todos hacemos de la democracia una institución frágil, porque no la respetamos.
Veamos, la mayoría de ciudadanos sostienen que no se sienten atraídos por la política, y por eso, no se meten. Entonces, a quienes les gusta o les llama la atención, son los que siempre escogen aspirantes. Los ponen en la baraja a sonar y a jugar. La montonera o clase política, que tiene conformado un grupo, directorio o movimiento político, tampoco toma las determinaciones colectivas, porque adentro hay otro círculo, tan reducido, que se puede contar en los dedos de las manos y sobran dedos. O sea que el margen de posibilidades se vuelve más estrecho aún. Y si se tiene en cuenta que para aspirar, se requieren por lo menos tres condiciones: ganas, plata y votos, el riesgo de obtener un escaño, se limita a unos pocos personajes, que por lo general no son los más idóneos.
Ahora sumado a lo anterior, surge otro sistema nada ortodoxo, ni conveniente para la ya frágil democracia. Se ha vuelto costumbre la condición: “tú me eliges yo te elijo”. Es decir, la moda del trencito o carrusel.
En los mandantes de cualquier nivel, es común encontrar cómo hacen los pactos políticos, con años de anticipación. Hecho que, no sólo constituye un engaño a los electores, sino un desangre a los recursos del Estado. Los sucesores los sacan de las entrañas de la administración pública, después de haber usufructuado las mieles del poder. Los colocan en la cúspide, paseándolos por todos los rincones como los dignos legatarios de la respectiva administración.
Por eso los más aptos, no se atreven a postular sus nombres ante la desigualdad de condiciones, el aparataje político de la dedocracia que algunos construyen a fuerza de chantaje.
Estas prácticas electoreras, han dado al traste con la gestión administrativa en nuestro país. Por ello, alguien dijo: Los gobernantes no piensan en la administración, sino en su próxima elección. Prueba de ello, es el desgrane de la mazorca administrativa. Ya veremos a quienes han usufructuado el poder, maquinaria en mano, estarán en el desfile de renuncias para no “inhabilitarse” en su ambición de continuar en él.
Luego entonces, todos somos artífices de nuestro propio destino. El periodismo que ensalza candidatos mediáticos; los abstencionistas que permiten que otros hagan la política por ellos; los líderes que reciben dádivas personales; los electores que con los ojos vendados los ponen como volcanes del seno popular. En fin, todos sin excepción, contribuimos para que a las regiones llegue con cada elección el atraso y la miseria.
Algún día crecerá el grado de conciencia para ponerle esencia al respeto, la mirada atenta, la atención para saber ver las cosas que otros son incapaces de ver o captar. En esto tiene mucho que ver la moralidad de la gente para saber escoger a sus propios dignatarios, sin tolerar el ventajismo político de aquellos que se consideran líderes.
Especial para Proclama del Norte.

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