domingo, 8 de agosto de 2010

Siempre están ocupados

Por Alfonso J. Luna Geller

Entrevistarse con algún alcalde del norte del Cauca es casi imposible. En los días que se destinan para atención al público las colas y algarabías en la puerta del despacho son insoportables. Por curiosidad, tratando de averiguar por qué tanta excitación para hablar con el alcalde, se da uno cuenta de que, generalmente, quienes hacen la cola y atropellan tienen en sus manos recibos de servicios públicos, fórmulas médicas, canastos de mercado vacíos, hijos sin estudio, problemas judiciales y de policía, van a exigir empleo, que no se lleven para el Ejército al hijo único, o reclaman ayudas para sembrar cilantro, en fin, gentes exaltadas, absolutamente convencidas de que el alcalde tiene el poder y el dinero para resolver cada uno de los problemas que se le plantean de manera particular, para eso, todos votaron por él... Cuando está en su oficina.

Cuando no, que generalmente es el 70 o el 80% del tiempo laboral, cuando puede dejar de atender tan angustiantes encargos, es porque supuestamente está haciendo gestiones oficiales en Bogotá o Popayán, o asiste a algún congreso, seminario, capacitación o atiende invitaciones a otras regiones o al exterior del país, que casi nunca se traducen en beneficio para su pueblo, a pesar de que se costean con el presupuesto público.

Entrevistarse con algún alcalde del norte del Cauca es casi una hazaña. Si se llama al celular nunca responde; a veces lo hace el chofer o el guardaespaldas para confirmar que “está ocupado, pero déjele la razón”. Si es a la oficina, la secretaria responde invariablemente: “ahora está ocupado y no lo puede atender”, si es que está, pero no puede conceder una cita porque con él todo es incierto. Se insiste otros días pero la contestación, que parece grabada para respuesta automática, siempre será la misma: “está ocupado, no lo puede atender”. Se deduce que para que obtener alguna consideración oficial, el alcalde tiene que estar desocupado, según las secretarias y los escoltas. ¿Será que en horas laborales se puede encontrar desocupado al alcalde? No podría estarlo nunca -aunque en la práctica es posible- porque sería ilícito que le pagaran por estar desocupado en horas laborales.

Claro está que esta anarquía no ocurre en todos los despachos; sólo en los pueblos donde existe la ‘cultura’ de la corrupción pública, que puede delatarse por algunos síntomas: gente que cree que el erario es para repartirlo a discreción del funcionario, alcalde o tesorero, desconociendo los presupuestos, planes de inversión y de desarrollo local; ciudadanos que pretenden cobrar un supuesto voto ‘a posteriori’; contratistas que ceden a las exigencias que hace hasta el portero; encargados del control que ponen ‘peaje’ para que todo funcione ‘normalmente’; la persona encargada de la tesorería que se esconde para no pagar oportunamente, creyéndose, por su pasajera investidura, acreedora obligada a obtener recursos del contratista para financiar una futura elección y hace los pagos no como obligación legal ante la ejecución de los contratos, sino como un ‘favor’ de su parte que debe ser compensado; ordenadores del gasto que manejan en cuentas privadas recursos públicos, haciéndole el quite al proceso administrativo; mandos medios y bajos que todo lo complican y exigen documentos y trámites por fuera de lo legal, para hacerse los sabihondos, creerse importantes e imprescindibles, convirtiendo lo sencillo y expedito en incomprensible y enrevesado, para allanar el camino a la corrupción.

Claro que esto no ocurre en todas las administraciones del norte del Cauca. Hay también algunas dónde encontrar orden, eficiencia y eficacia, cumplimiento de las metas de desarrollo social y de infraestructura, pagos oportunos a acreedores y funcionarios, atención adecuada y cortés al ciudadano, aplicación precisa, clara y transparente de la normatividad legal en beneficio de la administración y obviamente del ciudadano, y es la mayoría.

Pero es fácil, en todo caso, detectar dónde puede estar la corrupción, pero le ocurre a los burocratizados entes de control y de investigación, lo mismo que a la fuerza pública frente al microtráfico de estupefacientes: el jovencito de 15 años sabe perfectamente dónde y quién le puede vender el veneno que su mente y su cuerpo le exige a cualquier hora, mientras que las autoridades oficiales no tienen ni idea del por qué en nuestros pueblos crece desaforadamente el flagelo del consumo y la drogadicción. Siempre están ocupados.

1 comentarios:

  1. definitivo podria parecer parte de un relato de terror, pero la realidad es que en cada una de nuestras casas, en nuestros barrios, en nuestra comunidad, sabemos que nuestros alcaldes y demás funcionarios solo tienen tiempo para quienes llegan con portafolios llenos de dinero, para los que manejan los hilos del poder, los verdaderos maestros de marionetas. En fin todo hace parte de esa "mala cultura" la cual por un puñado de arroz o un tamal estaremos condenados a perpetuar...

    Niwre Seived.

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