Por Alfonso LunaGeller
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| Foto David Luna |
Denunciar los efectos negativos que ocasiona la quema de los cultivos de la caña de azúcar para producción industrial en el norte del Cauca es una perogrullada a la cual ya nadie le para bolas. Sobre el problema ya se dijo todo en miles de investigaciones y sesudos estudios con sustento científico. Se han expedido igual o mayor número de normas legales que han tratado de minimizar sus graves consecuencias, pero nadie las cumple. Se realizaron, hasta el cansancio, todas las protestas populares. Las entidades de control ambiental y dirigentes sociales, públicos y privados, se volvieron sordos-mudos-ciegos, por su impotencia frente a un imperio económico y político superior, también, abrumados algunos en sus esporádicos intentos de hacer algo por lo que debieran responder. El sector productivo sigue justificándose con, a veces, serios argumentos que le permiten crecer con base en la destrucción y el deterioro. De las nuevas generaciones, muchos no están interesados en debates agotados, acostumbrados ya a convivir en un ambiente contaminado con tendencia al cataclismo. Del mismo modo, miles de escritores, periodistas y columnistas han hecho extensas, y a veces sabias radiografías sobre el tema, unos denunciando, otros defendiendo, otros aprovechando las circunstancias en consecución de otras finalidades ajenas al daño ambiental. Mejor dicho, parece que hoy nada, ni nadie, puede parar el menoscabo progresivo de la calidad de vida de la comunidad nortecaucana, víctima y “culpable” de esta práctica que está cumpliendo cuarenta años de implantada.
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| Foto David Luna |
Se ha demostrado suficientemente que cuando se efectúa la quema de caña se produce una contaminación, que puede ser visualizada comúnmente al observar una la lluvia de cenizas sobre toda la región. Estas cenizas van acompañadas de una serie de gases no visibles y humo que interfieren principalmente el funcionamiento pulmonar, agravando la bronquitis crónica, la enfermedad constrictiva ventilatoria crónica, el enfisema pulmonar y el asma bronquial; por otra parte, el anhídrido sulfuroso producido al unirse con el agua de la atmósfera forma las llamadas lluvias ácidas que tienen un alto poder corrosivo sobre diversas superficies (autos, casa, estantes, etc.), además de manchar la ropa, crear contaminación de tipo estético (basura). Nadie discute que las quemas eliminan la vegetación y destruyen el suelo ya que disminuye la población de microorganismos y el material orgánico disponible en el mismo. Inclusive, se ha denunciado que las quemas de la caña de azúcar pueden presentar problemas para la navegación aérea, toda vez que disminuyen la visibilidad y producen riesgos en el despegue, aterrizaje y ascenso de las aeronaves pues las pavesas también afectan a todos los sistemas de las aeronaves.
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| Foto David Luna |
Sin embargo, los productores, generalmente a través de Asocaña, se justifican argumentando que es tradicional sufrir las ‘molestias’ producidas por el humo y las cenizas provenientes de la quema de la caña de azúcar, que se realiza para facilitar la participación del cortero en la cosecha, así como para mejorar la eficiencia y la seguridad de la cosecha. Igualmente, en varios foros y documentos deducen que son muchas las especulaciones que han surgido a partir de un “fanatismo ecológico” que se ciega con las realidades económicas, técnicas y sociales relacionadas. En algunos casos han llegado a plantear que algunos problemas de salud pública relacionados con afecciones respiratorias, no tienen su origen en las cenizas y en los gases producidos con la quema de la caña de azúcar. Otras veces han dicho que las quemas se producen de manera accidental o por acción de pirómanos; lo curioso es que se presentan con una frecuencia inusitada sobre los cultivos que se acostumbran a quemar de manera provocada por la técnica de cosechar implantada desde hace 40 años.
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| Foto David Luna |
Es más, cuando los productores de azúcar y carburantes reconocen el daño emergente, amenazan: reducir la contaminación por la quema de caña de azúcar para su cosecha sería modificando la tecnología de la cosecha, se requiere la adquisición de nuevos tipos de cosechadoras, modificación de las tecnologías de siembra y la realización de cambios en los mecanismos de transporte y transferencia de los tallos, en detrimento del empleo masivo que el sector y muchos intermediarios le brindan a los corteros y operarios de la región nortecaucana. El reemplazo de la mano de obra por la maquinaria a fin de evitar la quema de caña de azúcar generará en el futuro un serio conflicto social, confirman.
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| Foto David Luna |
Aunque considero que un ingenio convierte diariamente miles de toneladas de caña en alcoholes, azúcar, melazas y todo lo que un ingenio azucarero puede producir, y que el Ingenio del Cauca, desde hace unos pocos años opera una planta de Productos Biotecnológicos, que convierte buena parte de los deshechos de la caña en abonos orgánicos que son vendidos y aplicados en el país e inclusive son exportados, iniciativa que contribuye a disminuir el impacto ambiental inherente a la explotación azucarera, sin embargo, subsisten las prácticas que generan un impacto ambiental considerable y que en últimas afectan la calidad de vida de las comunidades nortecaucanas. Me pregunto, como cualquier “fanático ecológico” ¿Qué es más importante, la economía, la técnica, la producción o la vida?.
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| Foto David Luna |
El Transporte de Caña por Vías Nacionales: El Ministerio de Transporte y el Instituto Nacional de Vías (INVIAS), conceden anualmente un permiso especial para el transporte terrestre de caña de azúcar y de bagazo por carreteras de la red vial nacional en los departamentos del Valle del Cauca, Cauca y Risaralda. Se autoriza el uso de cinco (5) vagones y longitud máxima de 56.9 metros. En materia de seguridad vial, se obliga al sector de la agroindustria cañera a la limpieza del lodo de la calzada de circulación con sistemas de lavado de agua a presión y cepillos especiales, la instalación de señales preventivas en cada sentido de circulación desde los 500 metros de aproximación, líneas reductoras de velocidad, sistemas de iluminación (semáforos, avisos y/o lámparas intermitentes) y guardavías con su respectiva dotación y elementos de señalización.






La paveza de la caña es como las prostitutas, nadie las quiere, pero es inevitable que caigan y hay que acostumbrarse a vivir con ellas.
ResponderSuprimirla quema de azucar es una cronica de contaminacion impune puesto que gracias a ellas personas salen gananciosas y otras que vienen con enfermedades que ? asi yo creo que si hacen demanda tras demanda los que cosechan le llega porque no les importa si esque ellos ganan pero no esto no se deve quedar asr asi sin asece nada por favor ayuden que ya no se de esto hay muchas pero muchas personas enfermas por culpa de esto :)
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