Reinel Gutiérrez
En Colombia existe, ya como costumbre, que en las noticias de los medios aparezcan sonrientes y satisfechos los generales, con cadáveres a sus pies, como trofeos, al entregar el parte de los operativos en contra de los terroristas.
Cabe pensar, cuántas veces más se verá esta escena en las pantallas, en donde aparecen los altos mandos con su corazón henchido, y el pecho en alto relieve a la espera de una condecoración.
Y en realidad, cual es el número de terroristas que nunca se acaba, como también la cifra de arsenales y laboratorios que a cada momento se decomisan y se desmantelan.
Y estos hechos no son sólo casos de la vida cotidiana sino, plenamente aceptados por una comunidad ávida conflictos y choques. Parece que falta mucho tiempo todavía para que cese esa acción de los padres de familia que entregan sus hijos buenos y sanos para el servicio militar, y se los devuelvan sin brazos, sin piernas, o los cadáveres envueltos en la bandera nacional. Los muchachos deben regresar a sus hogares, no solo completos, sino fortalecidos física y anímicamente, con el orgullo de haber servido de verdad a la patria.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada