Autor: Fabio Arévalo Rosero Md*
La imagen negativa de Samuel Moreno cae al 72 por ciento, Adriana Córdoba hace un amague “caricaturesco” que salpica o recuerda a Mockus, mientras el mundo aplaude y homenajea a Peñalosa como uno de los mejores científicos urbanos del planeta. Hace poco recibió el Nobel del Medio Ambiente en Suecia. Imagen: http://comunidades.semana.com/Comunidades
Enrique Peñalosa recibió hace unos meses el premio ambiental más importante del mundo. El Premio Gotemburgo del Desarrollo Sostenible es el Nobel de Medio Ambiente y en los últimos años este galardón ha sido entregado al ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore y al primer ministro de Noruega. El ex alcalde ganó por la creación de un modelo urbano y sostenible en lo social y ambiental, en el cual prevalecen espacios para la movilidad peatonal, vías para bicicletas y el transporte masivo.
Acuñó para el mundo conceptos como pico y placa, Transmilenio, ciclovías y ciclorrutas que hoy se aplican en cientos de ciudades. Su obsesión por promover urbes humanas y sostenibles lo ha llevado a muchos lugares del planeta con un mensaje pragmático que ha permitido mejorar la vida de miles de personas. Ello, además de la gestión como alcalde de Bogotá, pesó para esta condecoración, que por primera vez recibe un latinoamericano.
Un hecho altamente significativo para el país y mucho más para su capital que podría tenerlo con opción de volver a dirigir sus destinos. Y es bueno recordarlo, cuando al interior del Partido Verde (PV), que aun no tiene mucho de verde en sus conceptos y estructura, se ha “autopostulado” Adriana Córdoba como precandidata con el apoyo de su consorte el profesor Mockus. Sin duda que Adriana es una buena persona, honesta y sensible como lo son decenas de miles de trabajadoras sociales del país. Ese es su estereotipo, sin mayores diferencias.
Ello no es suficiente para optar a una dignidad que exige cualidades y preparación de elevada cota y una experiencia en investigación urbana y en políticas públicas competitivas a nivel mundial. Adriana frente a ello tendría debilidades. No deja de ser una mujer común y corriente, solo con un reconocimiento público por haber deslumbrado a algunos medios al salir en defensa de su esposo y ayudar en su campaña. Pero si se trata de buscar mujeres formadas y preparadas en temas de ciudad, además de gerencialmente tropeleras, allí están Gina Parody, Lariza Pizano, Gilma Jiménez, Cecilia López, María Ema Mejía, etc.
Con respeto por ella, pero su aspiración es casi un irrespeto con los bogotanos. Al respecto la columnista María Isabel Rueda comentó: “Adriana niega la existencia de cualquier compromiso que no provenga del "imaginario popular", nunca le pusieron ningún reparo a que Peñalosa invirtiera su prestigio en apoyar la candidatura presidencial de Mockus, casi en calidad de esclavo suyo…. Pero Adriana, tomándose una jerarquía que no tiene en el PV, salió a recordarle de manera golpeada a Peñalosa que debe someterse a una consulta partidista, en la cual, qué casualidad, ella podría aparecer también como aspirante” (¡plop!).
Un gran alcalde debe poseer al menos éstas cualidades: Liderazgo y visión, buenas habilidades gerenciales, conocimiento social y económico, habilidad para proveer de seguridad y para proteger el medio ambiente, habilidad de fomentar buenas relaciones entre las comunidades de diferente heredad cultural, social y racial; ser un científico de lo urbano. Esas calidades las reúne Enrique Peñalosa de lejos mucho más que la señora de Mockus, que de presentarse como candidata, se arriesgaría a hacer un oso gigante. Solo es revisar los cientos de comentarios en su contra, donde se ha escrito sobre esa posibilidad.
A Peñalosa aprendí a conocerlo por los movimientos legítimamente verdes internacionales, que tienen orientación democrática y de izquierda moderna. En las ciudades más desarrolladas y más equitativas del mundo Peñalosa es un referente. Su discurso de igualdad social parece más de una práctica izquierdista. Quienes no comparten su pensamiento podrían detenerse a conocerlo mejor. Por ser mal político, los enemigos electorales le crean mitos, como en la pasada anticampaña a la alcaldía de Bogotá que regaron rumores como que era dueño de 5.000 taxis, accionista de Transmilenio y socio de cementeras.
Se demostró que nada de eso era cierto. Y el tiempo le dio la razón. Hoy Samuel Moreno tiene el 72 por ciento de imagen negativa y la ciudad está caótica. Una buena persona como Adriana, no es suficiente, por ahora Peñalosa es el más indicado para conducir a Bogotá y ponerla como ciudad modelo en el mundo. Es su momento.
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*El autor es médico experto movilidad y desarrollo, promotor de ciudades saludables. Consultor de EcoPlan International y World Streets. Es Sub-campeón del Mundo en atletismo de los World Medigames 2009.

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