Por: Mauricio Arboleda Vivas
Toma 013
Los vi sentados frente a un interlocutor que a pesar de su fluido discurso y sus intentos por cautivarlos, humildemente llegó a unos cuantos oídos. Los vi sentados esperando a que alguien les dijera cuándo diablos es que van a comenzar a rebajarles mil pesitos en la buseta. Me pareció ver cómo ese día el papá los levantó obligados de la cama para que fueran a ver lo del descuento.
Mientras distraído del discurso me parecía verlos en sus casas, mi amigo interlocutor seguía desgastándose en vanos intentos por explicarles esas vainas de la participación política, de la organización y la movilización social, de la juventud en el plano de lo público…
Toma 005
Los vi cuando eran poquitos. Ellos no tenían mayores posibilidades de empleo y como la pancita no espera, como tampoco esperan ciertas usureras empresas de energía, pues había que ponerse a camellar en algo. Los vi cuando iban en aumento y tomándose cada esquina. Los vi correr más rápido y más barato que un taxi, y al igual que el taxi, sin casco. Los vi correr también cuando algún desprevenido pasajero se les cayó, o cuando algún inocente peatón era víctima de un oficio que urgentemente requería de mayor organización y control.
Los vi esparcidos por todos lados invadiendo el espacio público, y vi a los demás esperando que las carreritas les siguieran saliendo más baratas que el taxi. Y a quienes tenían que tomar medidas los vi esperando a que incendiaran el monolito institucional, y volvieran todo un m…dero.
Toma 080
Los vi muy cómodos en su casa, o muy ocupados en su trabajo, pero eso sí siempre esperando a que el sistema escolar se los educara.
Se quedaron muy tranquilos dejándolos en manos ajenas, vanagloriándose de tenerlos en el colegio como si les fueran a dar un premio por su responsabilidad. ¡Gran cosa!
Se quedaron esperando a que un precario sistema educativo les devolviera intachables ciudadanos tras largos años de despreocupación (conchudez decimos aquí).
Los vi muy furiosos, angustiados y tristes mientras buscaban entre los amigos, los compañeros y los profesores para ubicar al responsable de la adicción de sus hijos o hijas, algunos prostituidos ya.
Desenlace
No lo creíamos posible pero sucedió. Estoy de paso por una tierra donde nunca creyeron que una implacable avalancha les robaría cientos de sus hijos, además de la tranquilidad.
Y sigo siendo parte de una comunidad en la que nadie cree que la galería llegará un día a tomarse el Parque Bolívar, o que el río nunca va a terminar inundando los barrios a su paso por el corazón de la ciudad.
Muchos esperaron que Pastrana fuera buen presidente, o que la pirámide les solucionara la vida, otros tenían la esperanza de que nunca despertara el volcán dormido al pie de su ciudad. Algunos creyeron que la coca que vendían no terminaría en las narices de sus propios hijos, otros ni siquiera imaginaron que la mujer con la que esperaban vivir el resto de sus vidas terminaría cambiando pañales con uno de sus amigos.
Si usted está esperando, le felicito, porque va a ser mártir y ejemplo para las próximas generaciones. Ya existen sistemas de alerta temprana y dispositivos de emergencia, ya la gente se organiza, ya muchos transportadores se han organizado en cooperativas y hoy pagan impuestos, ya Pastrana no se ve sino en los rencauchados (y eso que a veces). Y todo esto gracias a gente como usted, que se quedó esperando, esperando, esperando…

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