jueves, 23 de septiembre de 2010

Heroínas invisibles

En Colombia, 83% de las personas desplazadas son mujeres, niñas y niños, lo cual no se refleja en el imaginario colectivo para el cual los desplazados son hombres. Estas mujeres, niños y niñas víctimas de la violencia se enfrentan a un contexto adverso en donde las niñas son aún más vulnerables pues el 60% de las víctimas de violencia sexual en el país son menores de 15 años.


Gabriela Bucher Balcázar
Directora Fundación Plan

Estas dos cifras contundentes nos indican que hay un desequilibrio grande en nuestra sociedad, un desequilibrio invisible en el que las niñas llevan a menudo la parte más dura tanto en su condición actual de niñas como de mujeres a futuro. Las mujeres han demostrado su capacidad de participación activa en la sociedad por cientos de años, su interés por ser escuchadas y su resiliencia frente a las repetidas injusticias. Sin embargo las niñas, adolescentes y jóvenes siguen enfrentando desigualdades por el hecho de ser mujeres.

A pesar de todos los cambios experimentados por la sociedad colombiana, la cual hoy en día reconoce a las mujeres como ciudadanas con los mismos derechos y deberes que los hombres, las evidencias muestran que son ellas quienes en mayor proporción que los hombres, están vinculadas a labores productivas del sector informal de la economía, donde no existen garantías laborales ni de seguridad social y constituyen una alta proporción de las víctimas invisibles de la violencia.

Es necesario generar un grupo de acciones que restablezcan el balance y prevengan estas formas silenciosas de la violencia así como la doble condición de víctima. El compromiso parte de la niña, adolescente y joven mujer consigo misma, pasa por la familia como núcleo vital y más cercano del ser humano, se fortalece en la reflexión de los medios de comunicación, como generadores de opinión, hasta llegar a ser imperativo para el Estado en calidad de responsable de los derechos de todos los colombianos y colombianas.

Esta transformación social liderada desde las niñas mismas implicaría cambios en las relaciones de género para lograr una complementaridad en la diferencia. Una sociedad en donde se valoren en igual medida las contribuciones desde lo masculino y desde lo femenino y en donde no se tolere la discriminación basada en género.

Nos inquieta la pregunta ¿cuál es la forma de vivir, de pensar y de actuar que predomina en una sociedad que no parece conmoverse ante registros como los del último año donde el 60% las víctimas de delitos sexuales fueron niñas? ¿Dejaremos que nuestras niñas, adolescentes y jóvenes mujeres que hoy afirman su identidad, nuevamente sigan siendo sólo visibles en las cifras de exclusión, violencia y desplazamiento?

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