domingo, 26 de septiembre de 2010

Justicia social y educación

Por Luís Fernando Orozco Gutiérrez

Nuestras gloriosas fuerzas armadas, se han anotado un triunfo sin antecedentes; la muerte del tristemente famoso bandido “El Mono Jojoy”, quien sucumbió ante las armas combinadas de la Policía, Ejército, Armada, Aviación, y con una magnifica estrategia de dirección en su operativo” Sodoma”, que la ubica como de las mejores de la humanidad.

Pero veamos quien era el delincuente que mayor daño le ha causado a nuestra sociedad.”El mono Jojoy”, era hijo de la “sirvienta” de Jacobo Arenas, líder e ideólogo desaparecido de las fuerzas sediciosas, mujer que tuvo amores con un guerrillero de las FARC, este sujeto durante su periplo vital, solo conocía la vida de la insurgencia; qué se le podía pedir a un individuo que desde niño únicamente conoció experiencias de bandidaje, qué le puede enseñar un guerrillero a su hijo.

Miremos sin apasionamiento lo que sería un dialogo en la familia del niño “Jojoy”: contacto permanente con el arma de su padre, escuchar de las operaciones guerrilleras de su progenitor. Esta era la vida que con naturalidad vivía el niño, el no podía comprender qué era bueno o malo si observaba que lo “bueno” para él, era lo malo para la sociedad.

Hace unos años tuve una propiedad rural en la Cordillera Central, en una zona cerca de la influencia de la insurgencia; el mayordomo vivía con su esposa y tres hijos, dos hombres y una mujer. En una ocasión les pregunté a los niños, qué querían ser cuando “grandes” y sin dudar, casi en coro, me respondieron: policías o guerrilleros. Ese era el panorama en que vivían los niños por las circunstancias especiales de su vida. En mi infancia, en respuesta a la consabida pregunta casi todos mis contemporáneos respondíamos: policías o bomberos, de pronto uno decía peluquero.

Conozco someramente la vida de nuestro Presidente, a quien debo de antemano reconocer mi admiración y más por su herencia periodística que sin duda lo llevaron con reconocido éxito a esa labor. Cuál sería la conversación de Juan Manuel y su abuelo, el incomparable “Calibán” y de su tío abuelo el ex presidente Eduardo Santos, este infante estaba más cerca de la presidencia de los colombianos o del periodismo, que de otra cosa. Y esto por no mencionar a su padre Enrique Santos Castillo o su tío Hernando Santos “Hersan”, padres de la notable estirpe de periodistas de los Santos Calderón. El periodismo para fortuna de ellos, trazó los destinos familiares y a bien que todos lo han hecho para orgullo de Colombia. “El Tiempo” ha sido la casa que encontraron estos colombianos, para pensar en el país que queremos.

Ahora que para bien de la sociedad, esperamos que el fin de la guerrilla esté próximo, apresurémonos a saldar la deuda que tenemos con el campesino. Los anunciados programas de la “consolidación”, expuestos por el Ministerio de Agricultura, deben “invadir” el martirizado campo colombiano, pero aquí se requiere una educación que enseñe a nuestro campesinado, que vale la pena ser colombianos.

Debemos tener un campo con oportunidades para todos, que los campesinos que fueron desalojados de sus tierras y hoy deambulan desplazados como “hijos de nadie” por las calles de las grandes urbes o los que por infortunio tienen en sus trabajos influencia de la insurgencia, de los “paramilitares” o de los narcotraficantes y creen que estos son sus redentores, en vista del grado de injusticia a que la sociedad lo somete. Busquemos oportunidades para ellos.

Colombia tiene un inmenso compromiso en el futuro, seremos la despensa agrícola de la humanidad, de nada vale, nadar en mares de petróleo, si no tenemos para satisfacer nuestras necesidades alimentarias. Pero para que esto vaya bien requerimos que el campo tenga campesinos y estos vivan como corresponde a un ser humano.

Una vez tengamos justicia social y una educación para el progreso de la sociedad campesina, las cosas irán viento en popa. Hemos perdido casi cincuenta años por causa de la guerrilla, donde nuestra sociedad ha sido víctima de: secuestros, muertes, destrucción. Creemos que ya llegó nuestro tiempo, el tiempo de los campesinos colombianos.

3 comentarios:

  1. De un plumazo, Orozco nos restituye los avatares en el principio de esta guerra, que es sólo una enésima versión del conflicto larvado entre ENCOMENDEROS y VILLANOS: el levantamiento antropológico de un desahucio permanente!!!

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  2. Este artículo es un caso típico de ausencia de perspectiva histórica, pues no se puede enfocar de manera tan maniquea un conflicto con raices históricas tan profundas... Vaya ironía sir. Orozco!!!!

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  3. La emoción nos hace perder de vista la distancia histórica a la hora de enfocar la realidad, actual, presente y concreta; pero eso no es patente de corso para convertirnos, de la noche a la mañana, en discípulos de Archiniegas...

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