viernes, 24 de septiembre de 2010


LAS FARC VIERON CAER SU GRAN CABECILLA

 
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

La fuerza pública dio hoy de baja en la selva a “alias” Mono Jojoy. En sus predios, donde a él le gustaba vivir y desde donde planeaba ataques y secuestros, donde tenía en cárceles y alambrados a sus víctimas, sufrió la derrota. En su propia guarida, como chacal, y sin poder mostrar sus dientes, cayó bajo el fuego que le cayó del cielo, como lluvia ardiente. Tal vez él lo pudo prever en algún momento y la pesadilla no lo dejó dormir. Porque el dicho popular y viejo dice: “El que a hierro mata a hierro muere”. Esa ley del talión la inventaron los trogloditas y “Jorge Briceño” quiso ser uno de ellos.

A su muerte la prensa mundial lo ha calificado con epítetos tales como cruel, despiadado. Fue un guerrero silvestre, sanguinario, amante de la tortura para sus cautivos. Obró como la gota de agua sobre el mármol, dejó que los días pasaran inclementes y fueran dejando la huella de la desesperanza en los rostros, casi desfigurados de sus desafortunados enemigos. Se mostraba calculador ante los medios, cínico, de paso largo y altivo. Sus compañeros de lucha lo tenían como temible jefe al que obedecían ciegos. Como al semental los toros y vacas de la manada.

En su libro que engrosaba todos los días figuran asaltos, tomas a pueblos, robos a bancos, sembradíos de minas “quiebrapatas”, celadas a campo abierto, fusilamientos sin juicio, proclamas y órdenes de despojo, convenios con narcos, viajes secretos. Era un singular estratega que infundía miedo, terror y fervor de santo. No se ha dicho, pero llevaría escapulario y se encomendaría a dios a diario, como es costumbre de tiranos y capos.

El gobierno está feliz de esta bienvenida que dio a la guerrilla que no quiso liberar a miles de secuestrados como condición al diálogo. El presidente Santos ya había dicho desde su campaña que él sabía cómo dar de baja a los jefes rebeldes. Y en menos de los 100 días de su mandato, sin preámbulos ni frases hechas, diseñó la Operación Sodoma y arrasó con llamas la Nínive al mando del Mono. Quedan notificadas así, las huestes insurgentes y sus auxiliadores, quienes siembran, procesan y venden la coca, que al negocio le llegó el comienzo del fin.

Colombia está cansada de secuestros, quemas de pueblos, cilindros con metralla, explosiones en las vías, atentados en las ciudades, alambradas, de rocío con glifosato, mensajes de familiares a media noche, entregas “humanitarias” y a cuenta gota de rehenes, selvas devastadas para sembrar y cuidar la flor y las hierbas malvadas.

Colombia está harta de uniformes camuflados, de cananas, de helicópteros artillados, de aviones supertucanos por encima de las cabezas, de bases y tropas extranjeras, de muertes de nuestros jóvenes, de inversión en armas y guerra, en lugar de educación, salud, empleo y prosperidad en nuestros campos.

Se ha abierto la puerta y se ha encontrado la manera de detectar en la selva a quienes pensaron que era cueva segura. Santos lo aprendió y las fuerzas militares tienen como misión dar nuevos resultados para la paz de la Patria.

23-09-10 - 17:08 p.m.

3 comentarios:

  1. Era simplemente el actor de una genuina guerra, en un país en guerra, que hace rato dejó de ser conflicto larvado; al menos Santos y las Farc así lo entienden: al rey muerto...

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  2. Los únicos que hallan en las selvas un refugio seguro son las trasnacionales, que no ven la hora del parte final de esta guerra para cosechar los pingûes réditos de la cooperación militar...

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  3. Por qué no esconderse mejor en tierra campa, como el Loco Barrera y su brazo derecho Cuchillo?

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