jueves, 2 de septiembre de 2010

Postre Eduardo Santos, amasijo `patojo´

Escrito por Horacio Dorado Gómez
Jueves, 2 de septiembre de 2010

Hoy arranca la fiesta de la cocina, certamen que cada año toma más fuerza en Popayán, Colombia y el mundo, por eso meto mi cucharada. Primero, para afianzar el reconocimiento al espectáculo del fogón, llamado así, en tiempos idos, a la tulpa de tres piedras que servía para la cocción de los alimentos. El Congreso Gastronómico sin duda, se ha convertido en un evento importante para la ciudad. Su cerebro es el gobernante Guillermo Alberto González, quien no lo desampara porque es un producto que beneficia a todos. El de este año, tiene como propósito, dar a conocer la riqueza de la gastronomía China. Mostrar el trabajo de los chefs de renombre, así como difundir la variada oferta del Departamento del Meta como región invitada con sus propuestas de comida llanera. El plato típico llanero es la mamona o carne de ternera asada. Se mata siempre la hembra.

Es un encuentro nacional abierto a todos los payaneses, porque es una ventana por la cual Popayán puede acercarse a otros mundos. En este caso, con la mirada hacia el Oriente. Los organizadores del octavo Congreso de comidas, sabores y saberes, buscan fortalecer la imagen de esta ciudad como destino gastronómico mundial, impulsar la ardua labor de los prestadores de servicios culinarios y enseñar la riqueza gastronómica que existe en Popayán que va desde la comida casera, hasta platillos internacionales.

Y meto la cucharada, porque no resisto la tentación de traer los recuerdos, de una anécdota que nos concierne a todos, sobre otra versión del famoso postre “Eduardo Santos”. Esta es la reconstrucción de los datos proporcionados por mi abuela a mi madre Josefina. El presente de la vida social y proyectada sobre el pasado reinventado. Sería imperdonable no contarla, porque es la más verosímil de las dos que he leído.

En 1938, con motivo de la visita del Presidente Eduardo Santos, organizaron un banquete con viandas típicas de la ciudad, en el Club Popayán. La cocina para ese entonces, quedaba en el primer piso y el comedor en la planta alta. Al subir la escalera el mesero con el plato final de la comida, regó el postre. La sociedad, se había querido lucir con la gran variedad de platillos de diferentes sabores y frutas para la escogencia de los invitados. Como el tiempo apremiaba, no les quedó otra alternativa que terminar de revolverlos haciendo un coctel de frutas apelmazado con colaciones, galleticas surtidas, cremas de huevo batidas con cuchara, mermeladas, bocaditos de nata y pastelitos borrachos.

Al indagar el Presidente Santos por el nombre de tan delicioso menjunje, la chispa de la patojada, respondió: “Eduardo Santos”. Así quedó bautizado el postre que hoy llaman “Casatta Eduardo Santos”, y desde entonces el presidente pedía incluyeran en su menú cuando venía a Popayán. Es un apetitoso postre de renombre en la mesa colombiana y autóctono de nuestra ciudad.

Civilidad: A la ciudad hay que tenerla bien comida, bien amada y bien vestida.

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