SALARIO MÍNIMO EN EL CRECIMIENTO ECONÓMICO
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Escoba nueva barre bien es un adagio colombiano. Aunque aquello de barrer suena un poco anticuado y las escobas han quedado en desuso. Porque vemos en las calles que las “escobitas” de antes, ahora lo hacen con espartillos de ramas que arman las encargadas. Ya como que no hay dinero para comprarles su instrumento de trabajo.
La frase que tomo es para invocar a nuestro flamante Angelino, aquel ex sindicalista de marras que hoy es más que ministro. A su campaña se sumaron sindicatos y gremios porque sus condiciones mejorarían, no en lo personal, sino para el grueso de los trabajadores. Ya pronto veremos la puja, que ya no será tan fuerte, supongo, por el aumento del “mínimo” y vital.
Los sindicatos aprendieron a luchar para aumentar lo mínimo. Nunca se aspiró a lo máximo y debido. Puede ser que ahora que el BanRepública y los gremios hablan del excelente momento del país y que los bancos hablan de sus 5 y pico de billones de ganancias y que el crecimiento nacional sobrepasará el 5.5, ojalá el aumento, por fin, valga la pena una creciente en la ola del salario. Porque ya se ha palpado la fiebre del enfermo y se ha dicho que el aumento será de 25 mil pesitos.
Tanto esperar de la bonanza minera, de las jugosas regalías, tanto café en los costales, tanto mostrar la cara de Juan Valdez, tantas ganancias en la industria y ahora que se habla de la suerte de los pobres trabajadores, se les sube un pírrico centavo. ¿Para qué sirvieron los nueve millones si no fue para cambiar las armas por la prosperidad? Qué democracia tan falta de bienestar a la vista. Prosperidad no equivale a sobrevivencia.
¿De qué valieron los ríos de votos el 20 de junio de los confiados sindicalistas? ¿Se venderán por un plato de 25 mil pesos que vale un almuerzo en las galerías? ¿O se beneficiarán sus jefes con puestos y se les cerrará la boca? Por la maleta se conoce al pasajero y por el cumplimiento de una prosperidad para los desvalidos, el pueblo, se conocerá si el estilo nuevo es diferente al pasado. Veremos si hay concertación con los gremios, si aflojan el bolsillo y reparten sus inmensas ganancias. Veremos si el gobierno hace realidad la publicitada prosperidad democrática y los acuerdos no son para la prosperidad de los de arriba.
Veremos si la plata le llega al obrero raso, si se acaban los intermediarios que se llevan la mitad de su salario, si la plata del Agro llegará ahora a los auténticos habitantes del campo, o se la siguen comiendo las reinas y exfuncionarios. Mientras nuestros Parlamentarios ganan 11.000 dólares mes, el obrero gana 248. ¿Cuándo se equilibrará la distancia entre los “padres” y quienes les dan el voto?
Los ministros de Agricultura, Hacienda y del Interior y Justicia lucen con discursos sociales y prometen un gobierno capaz y con cara a las necesidades del pueblo. Todo apunta a que las cosas no seguirán lo mismo. ¿Resucitarán los que criticaban al gobierno pasado y demostrarán que no es demagogia y mentira lo prometido en campaña?
El gobierno tiene el sartén y el guiso y los sindicalistas tienen el hambre y la palabra. ¿Podrá haber concertación balanceada y no habrá salario mínimo por decreto? De lo contrario, el sindicalismo es cuento barato y cuestión de adorno y visajes. Y el Ministerio de Trabajo será un elefante blanco con marcapasos y sonrisas.
07-09-10 - 11:53 a.m.


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