*José López Hurtado
El Procurador Alejandro Ordoñez, máxima instancia del Ministerio Publico en Colombia y encargado constitucionalmente entre otras sensibles funciones, de investigar y sancionar disciplinariamente a los más altos funcionarios, debió soportar la semana pasada un torrente inmisericorde de críticas provenientes de sectores de izquierda, ONG y de influyentes columnistas por su decisión de destituir a la senadora Piedad Córdoba y por la muerte política a la que prácticamente la condenó por su papel de intermediación en la liberación de los rehenes en poder de las FARC.
Sostuvo el fallo que Córdoba “…siempre tuvo plena disposición para querer (sic) promover al grupo armado de las FARC, así como colaborar con sus integrantes”, extralimitándose en la autorización que el anterior gobierno le había conferido.
La discusión sobre la validez jurídica de la condena apenas comienza. Pero cuando todo el mundo esperaba que el Procurador-salido de las entrañas del régimen de Uribe, tenidas en cuenta sus posturas precedentes de pedir la absolución de los parapolíticos, y la misma de Mario Uribe, primo-hermano del ex presidente, ante la Corte Suprema de Justicia, se hiciera el de la vista gorda, frente al escándalo del espionaje telefónico, sorprende con la drástica decisión de destituir -lo cual es simplemente retórico y formal, pero con profundas connotaciones políticas- ,y de inhabilitar para ocupar cargos públicos a anteriores funcionarios del DAS y al ex secretario general de la Presidencia, señor Bernardo Moreno, por las “chuzadas” telefónicas a los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia.
Moreno, el verdadero poder tras el trono en la era Uribe, llegó a pensar que la égida de abusos que inauguró desde su despacho, con la complacencia y autorización de Uribe, jamás tendría término y nunca sería llamado a rendir cuentas. Su oficina se convirtió, finalmente, en la caja menor y mayor en la dispensa de los favores oficiales, ordenados desde la oficina principal de la Casa de Nariño. Para el tenebroso personaje, como cualquier Montesino, lo de las “chuzadas” que ordenó, nunca existieron y son solo “morbo mediático”, atribuible a los enemigos de ese nefasto régimen.
Sin embargo, lo del fallo disciplinario es apenas el primer capítulo de una triste historia, que tendrá para rato, y que se corresponde con la transgresión a principios de moralidad política, transparencia, honradez, extralimitación de funciones etc., dentro de la graduación de faltas gravísimas, graves o leves que contempla el estatuto conductual de los empleados. Está en capilla otro no menos tenebroso personaje, José Obdulio Gaviria, el primo de Pablo Escobar, y Jorge Mario Eastman Jr. y uno de su entorno más íntimo, que Uribe faltando tres días para entregar el mando, nombró como Embajador en la Santa Sede.
Lo del segundo capítulo es más grave y tiene que ver con las conductas criminales que consumaron, violación ilícita de comunicaciones, concierto para delinquir agravado, abuso de función pública, abuso de autoridad. etc. Como quien dice, caída libre de la ex cúpula de un gobierno, que se engolosinó con las delicias del poder que entregaron a sus amigos y allegados. El desgraciado desenlace de estos personajes de papel, ya se había previsto. Por fortuna, para los fines de la debida justicia, ninguno podrá argüir, por razones de edad, la suspensión de la condena penal por el beneficio de la prisión domiciliaria. La justicia ha sido demasiado lenta, pero está llegando.
NB 1. Revivió mundialmente el “Boom Latinoamericano”, con uno de sus gestores. Nos honramos en compartir con alguna frecuencia en “El Heraldo” de Honduras, espacios de opinión con Mario Vargas Llosa, el nuevo Nobel de Literatura. Felicitaciones a tantos amigos peruanos.
NB 2. La sección “Patojeando” de EL LIBERAL de Popayán, hace algunos días hacía graves denuncias sobre la conducta del Secretario Privado de la Gobernación. ¿Será que la Procuraduría ya tomó cartas en el asunto?
*Analista Internacional, colombiano.

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