Por Armando Carabalí Mina
Mucho se ha especulado sobre la educación como la clave del desarrollo de la sociedad. Sin embargo, me pregunto ¿qué tipo de educación queremos? ¿Una educación espontanea, mediática y milagrosa?
Creo que no. Si queremos resolver los grandes males que afectan a nuestra sociedad, como la violencia en sus distintas formas, la corrupción, hambre, exclusión, marginalidad, miseria y otros, pues, necesariamente tenemos que edificar la educación del futuro entre todos.
Tal educación debe estar basada en el desarrollo continuo de las personas y de las sociedades.
En su reporte la comisión de la UNESCO dice: “la educación como política educativa es un proceso permanente de enriquecimiento de los conocimientos técnicos, como estructura privilegiada de las personas y relaciones entre individuos, entre grupos y naciones”; esos preceptos hay que construirlos juntos, entre los pueblos y sociedades enteras, para el buen entendimiento.
Aunque los medios tecnológicos han conducido a muchos pueblos a un desarrollo y crecimiento económico reconocido por la balanza capitalista, este no puede ser a ultranza, por tanto, está en duda el reconocérsele como progreso integral legítimo, en el sentido que siendo la educación pilar del desarrollo social del futuro, de ninguna manera debe estar entonces relegada a categorías últimas por razones económicas empresariales.
De manera que todos los pueblos deben disfrutar y servirse íntegramente de las bondades que traen la modernidad, sin embargo, lo que se observa es una enorme asimetría entre países ricos y pobres, las potencias mundiales que abusan del conocimiento y la tecnología y de su poder económico y los tercermundistas sometidos a la manipulación de éstos. Las potencias mundiales aprovechando su dominación lo manipulan todo y lo han mundializado y homogenizado todo, incluso, la cultura, empacándonos a todos en el mismo costal.
Han pretendido que los países pobres compitan con ellos en igualdad de condiciones; semejante despropósito viola todo precepto de solidaridad, de hermandad, fraternidad, lo cual conduce a desentendimiento y a desesperanza por la modernidad así entendida.
Ante tales tensiones y dificultades, que se consideran propias de la modernidad capitalista, es sumamente necesario pensar y construir nuestro propio futuro. La educación debe afrontar este problema, porque se ubica más que nunca en la perspectiva dolorosa de una sociedad mundializada.
El construir y edificar esa nueva dinámica educativa para el futuro implica entonces una nueva visión educativa , cual es la educación durante toda la vida en el seno de la sociedad, esta novedosa propuesta va mas allá de lo tradicional entre educación básica y educa acción permanente, en la medida que construyamos juntos nos conocemos mejor , tenemos en cuenta al otro de tal manera que no da pié para la marginalidad , en esa dinámica democrática aprendemos a aprender y lógicamente aprendemos a vivir juntos.

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