sábado, 9 de octubre de 2010

EL CANTINFLAS PAYANÉS

HORACIO DORADO GÓMEZ

Soy de aquellos que en la vejez se dedican a explorar la vida de otros. Por eso, durante mucho tiempo me he dedicado a escribir lo que hoy les entrego, al considerar que mis columnas sobre personajes típicos de Popayán, también son importantes para la historia de mi ciudad.

Como me gustan las reminiscencias, voy a narrarles que hace muchos años que lo conozco. Es un hombre al que con nostalgia recordamos por habernos hecho reír a niños y adultos. Este personaje, vino por azar a Popayán y nunca quiso regresar a Palmira, donde nació en 1940. Llegó engañado bajo la supuesta enfermedad que aquejaba a su querida madre. Pero llegó tarde, un mes después de su muerte. Desde ese entonces echó raíces. Se casó con ´patoja´, unión en la que fecundó siete hijos.

Desde temprana edad, a los 8 años ya había vuelto trizas su cobija roja para convertirla en muleta. Fue en esa época que pisó por primera vez una plaza de toros. En Pereira, en la plaza de toros denominada “Circo Bengala”, bajo la dirección del matador “El Jerezano”, quien le halló ciertas aptitudes para el toreo. Allí se presentó a una becerrada como el único niño torero en Colombia, dedicándose al arte de la tauromaquia.

De allí en adelante “ha hecho de todo” para sobrevivir. Alternó con “Morenita del Quindío” y con Nubia Fernández la “Caucanita”. Tuvo el inmenso privilegio de presentarse en la inauguración de la plaza de toros de Cañaveralejo de Cali, con Mario Moreno “Cantinflas”. Decidió ejercer el toreo cómico, pues le parecía fácil, lo cual no era cierto, porque fueron las “verdes y las maduras” las que le tocó padecer. “Moretones y chichones arriba, raspaduras y magulladuras abajo”.

Un día cualquiera al mirarse al espejo, descubrió que tenía cierto parecido con Mario Moreno, el auténtico “Cantinflas”. Con un re-toquecito en su bigote en forma de comillas; un pequeño sombrerillo de fieltro; pantalones descaderados, como los usan las lindas niñas hoy; corbata deshilachada sobre el hombro derecho. Luego, luego, los gestos, y el infaltable vocabulario ´cantinflesco´: lenguaje que parece incoherente, casi siempre chistoso pero de doble intención, que para Cantinflas representa una especie de contrapoder para ganarle al poderoso en su propio terreno (políticos o ricos), lo lleva entonces a sus predios con un sarta de palabras revueltas, que aparentan no decir nada.

Era tal su parecido, que concursó nacionalmente con varios personajes imitadores, siendo seleccionados nueve de ellos, hasta ocupar el primer puesto Jorge Enrique Muñoz Ceballos. Desde entonces, fue bautizado como el “Cantinflas Payanés” para continuar figurando en volantes, carteles murales, afiches y toda clase de publicidad. Ejerció el toreo bufo por todo el país, banderilleando en bicicleta, en carreta, en hombros, convirtiéndose en “El rey de la risa”. Participó como integrante de “Las estrellas cómicas taurinas de Colombia”.

Hoy, Jorge E. Muñoz, el ´Cantinflas Payanés´, con setenta almanaques encima y voz trémula, evoca los tiempos de gloria enseñando orgulloso, viejas fotos, recortes amarillentos de periódico, volantes y toda clase de propaganda en donde aparece como protagonista principal. Sus azulados ojos, ya no relucen fulgurantes como en aquellas épocas, está aferrado a la pobreza, y al paso inexorable de los años. Pero mi memoria lo recuerda como el más ingenioso émulo de Mario Moreno “Cantinflas”.

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