Popayán, octubre 26 de 2010
Todo apunta a que la política de Santos es la misma de Uribe. Profundiza la entrega de nuestra soberanía, mantiene la política neoliberal en todos los aspectos, conserva la línea guerrerista del Pentágono en la “lucha” contra el terrorismo y el narcotráfico. Simula, mejor que su antecesor, un supuesto respeto de los DD.HH. que cubre con gestos democráticos pero conserva la esencia de la política oligárquica.
El gobierno se ha comprometido a entregar tierras a campesinos desplazados. Hay que reconocer que se han tomado algunas acciones. Sin embargo, debemos decir que sin cambiar el modelo económico, sin acabar con la economía ilegal, sin profundizar la democracia y, sin garantizar el monopolio de las armas en manos del Estado, el resultado será fatal para los campesinos. Es una nueva trampa y una nueva frustración.
Otra cosa es la estrategia para desenmascarar a Santos. Hay que apoyar toda iniciativa de restitución de tierras y de reparación de las víctimas exigiendo medidas y acciones contundentes como la institucionalización de las “reservas campesinas” y una protección especial de organismos internacionales. Sin embargo, hay que insistir en las limitaciones estructurales de la iniciativa para que la gente esté advertida y nosotros no terminemos siendo idiotas útiles. Por lo que sé, es la posición que ha asumido la bancada del Polo en el Congreso.
Concluyo así que el pulso que se avecina no es el que Usted avizora: “entre el uribismo extremo y el gobierno de Santos” [1]. Ya existe un forcejeo (naturales tensiones al interior del bloque hegemónico de la oligarquía) como el que ya se ha vivido en Colombia en diversas épocas (ley 200 de 1936, remedo de reforma agraria de Carlos Lleras R., 1967), que fue protagonizado entonces, por una débil burguesía industrial que siempre se plegó a la oligarquía terrateniente.
El verdadero pulso que debemos promover debe ser entre las fuerzas democráticas – que hay que unir (incluyendo al Polo) – para enfrentar al corrupto “uribo-santismo” (fusión del conservatismo y el liberalismo gavirista), que ya está unido en muchos aspectos y en proceso de consolidación. Es un nuevo frente nacional como lo calificó un dirigente polista.
Para unir a los demócratas – fuerzas sanas la Nación, como las denominaba el ex senador – no tenemos porqué arriar nuestras banderas. Petro no tenía necesidad de “estallar desde adentro al Polo” para exculpar su vacilante militancia de izquierda. Debía haber aprendido de su experiencia anterior que fue colocar como enemigo principal a las FARC para intentar borrar su pasado guerrillero. Solo sirvió para agrandar más a Uribe.
No creo que en la coyuntura actual para construir un Frente Democrático con los “verdes”, la ASI, AICO y otras fuerzas, sea necesario un espectáculo mediático “anti-corrupción” como el que está protagonizando Petro. Hasta allá no van los requisitos “ético-moralistas” de Mockus o los condicionamientos “neoliberales” de Peñalosa, que pareciera que el ex candidato del Polo imagina para poder aparecer a su lado.
Además, es bueno recordar que Petro abogaba hace un tiempo – en los debates contra lucha armada – que el “fin no justifica los medios”. En ese sentido, si en verdad el objetivo fuera la lucha contra la corrupción, es bueno recordar que ésta también requiere una actitud ética. Hasta en las peleas más arduas se necesita un mínimo de lealtad. Es parte de la tarea de construir cultura democrática y avanzar como sociedad civilizada.
Hay que reflexionar sobre la actual coyuntura. Los inicios de evaluación que Usted hizo en días pasados sobre la campaña electoral reciente, dejaban ver los graves errores cometidos por Petro que exigían un serio replanteamiento. Veo que las viejas rencillas con Jorge E. Robledo, que nacieron legítimamente de un debate político al interior del MOIR, no le han permitido avanzar en las conclusiones que iban surgiendo de sus análisis.
El “triple salto mortal” que yo le pedía a Petro durante la campaña - antes de retirarle mi simbólico respaldo - lo ha dado ahora. Pero fue a caer en la red de la oligarquía. Intentar destruir la imagen de la Izquierda, que mal o bien, con defectos y errores, se ha mantenido luchando por nuestra soberanía y por justicia social, no va a ser un buen activo hacia el futuro, ni para Petro ni para los que seguidista, sectaria e inconscientemente colaboren con esa insana tarea.
El verdadero debate que hay que hacer frente a las administraciones locales y regionales del Polo es si responden a un proyecto político transformador. “Ser gobierno para empoderar al pueblo”, debe ser nuestro objetivo, y es la única forma de derrotar la corrupción.
Con sentimientos de compañerismo y sincero espíritu de reflexión, me suscribo de usted;
Atentamente,
Fernando Dorado
Luchador social Cauca
Militante de Base del PDA
[1] Torres, Marcelo. “Las opciones reales de Colombia”. Editorial del periódico Bagatela:
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