José López Hurtado*
Seguramente mañana, cuando los brasileños se acerquen a las urnas, lo harán con cierta nostalgia por su imposibilidad de votar de nuevo por Lula, tras ocho años de un exitoso gobierno que condujo al gigante suramericano por la ruta del progreso y sobre todo de la estabilidad económica.
Pocos, sin embargo, incluido el propio mandatario, se atreven a cuestionar, que detrás de ese Brasil de hoy, moderno y pujante, está la figura de Fernando Enrique Cardoso (“Dependencia y Desarrollo”, 1992), a quien correspondió rescatar al país del abismo sin fondo en que las dictaduras militares lo dejaron sumido. Eran tiempos de una inflación de 3 o más dígitos y de un lánguido crecimiento del 7% anual. Como Ministro de Economía de Itamar Franco, Cardozo conjuró la inflación y con su equipo inició la reforma del Estado, cuestionado por su ineficiencia y el alto grado de corrupción.
Algunos analistas señalan que Lula no ha hecho otra cosa que asimilar ese legado e insuflarle su propio espíritu. Incluido ese viejo anhelo de vincularse al aristocrático club del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), de las economías emergentes. El gobierno de ocho años de Lula podrá patentarse, sin duda, con su exitoso programa de “Bolsa Familia”, ayuda financiera a hogares de extrema pobreza, condicionada a que los niños no abandonen la escuela y reciban alimentación, apoyo y atención sanitaria todo el tiempo, el que en opinión del Banco Mundial… “es uno de los programas de protección social más efectivos del mundo; ha ayudado a que 20 millones de personas salgan de la pobreza entre 2003 y 2009, y ha ayudado a reducir las desigualdades de ingresos”.
Es claro que el éxito arrojado durante los últimos años se basa en el ingrediente sicológico que los líderes brasileños con Lula a la cabeza supieron imprimirle al país, el de una renovada autoconfianza, que se había deteriorado hace décadas.
Es el campo de la política internacional en el que Lula no aprueba el examen, como nos hemos permitido anotarlo en este mismo espacio. Es probable que su declarada intención de reposicionar su imagen como un líder que busca un espacio determinante en la geopolítica mundial, haya provocado tantos pasos equivocados. Uno del tamaño de un meteorito, el del inexplicable apoyo a regímenes totalitarios que amenazan al mundo, como al iraní de Mohmaud Ahmaninejad, y de contera ,de su inaudito voto de respaldo en el Consejo de Seguridad de la ONU al programa nuclear de ese país, cuyo Presidente niega la condición humana de los judíos, entre otros despropósitos.
Cómo un líder demócrata, defensor de los derechos humanos, la democracia representativa etc., Lula pasó por alto, en un silencio desconcertante, los abusos de la dictadura cubana y el régimen de terror impuesto a los opositores en Venezuela, así como la imprudencia con la que manejó la reciente crisis de Colombia con Venezuela y Ecuador.
Queda a su sucesor la empresa naciente de Una-Sur, también en su momento proyectada por Cardoso, con la deuda de legitimidad que este organismo tiene consigo mismo y con la comunidad hemisférica, como lo hemos anotado también en algunas oportunidades. Aun así, que el partido Socialista de los Trabajadores (PST), y la Social-Democracia, con Dilma Rousseff y el oponente Gobernador de Sao Paulo José Serra, respectivamente, a la cabeza, pretendan la sucesión, es ya de por sí una antecedente histórico que demuestra la madurez política del gran gigante suramericano.
NB: Asistimos en Bogotá en los pasillos del Congreso nacional a la exitosa exposición de pintura abstracta del maestro payanés José Nixon Cifuentes. Hombre autodidacta, hecho a pulso. Felicitaciones ¡!
*Analista Internacional, Colombiano.

Este amigo debería hacerse traducir el inmenso informe publicado en Le Monde Diplomatique sobre el desempeño de Lula al frente del gobierno de la actual CUARTA POTENCIA MUNDIAL: el Brasil ya conoce de sobra sus enemigos y sus potenciales aliados en el nuevo orden mundial, mi querido amigo!!!
ResponderSuprimir