miércoles, 20 de octubre de 2010

Omayra, por todos abandonada

FABIO ARÉVALO ROSERO MD

Ante el éxito, la solidaridad y la maestría del rescate con vida de los 33 mineros chilenos, es inevitable recordar a Omayra Sánchez. Su caso es como la antítesis de lo acontecido. Para socorrer a los chilenos se movilizó el mundo, hasta la Nasa intervino y no se escatimó ningún tipo de esfuerzos. La pequeña de 13 años que quedó atascada entre los restos de su casa en la tragedia de Armero en 1985 y sobre los cadáveres de sus familiares, no contó con esa solidaridad, con esa fortuna. Más bien es la muestra de la indolencia de los políticos y de los estamentos de poder. Faltó liderazgo institucional para movilizar al mundo.

Los informes de aquella época, escuetamente apuntan: “La única moto-bomba disponible estaba lejos del sitio, por lo que solo podían dejarla morir”. Es increíble que se haya llegado a esa conclusión facilista existiendo tantas moto-bombas en el país y en el mundo aun por aquellos tiempos. Omayra se mostró fuerte hasta el último momento de su vida, según los socorristas y periodistas que la rodearon. Durante los tres días de agonía, estuvo pensando solamente en volver al colegio y en sus exámenes. El fotógrafo Frank Fournier, hizo una foto de Omayra que dio la vuelta al mundo y originó una controversia acerca de la indiferencia del gobierno colombiano respecto a las víctimas.

Pero imaginemos el caso de Omayra acontecido en Chile hace 25 años. Los mejores buzos del mundo con tecnología de punta, apoyados por la Nasa le habrían liberado sus piernas. Al menos 10 moto-bombas procedentes hasta de países como Japón, Canadá, Australia y la China, se habrían empleado para succionar el agua y el lodo que la ahogaban. Miles de chilenos acudían a sacar agua y escombros con sus propias manos, mientras el presidente movilizaba al mundo y hacía vigilia hasta no verla libre. Pero Omayra era colombiana.

Satisface el enorme éxito de la impecable operación que rescató a 33 personas sepultadas a 700 metros bajo tierra. Pero aun nos da rabia que no se haya podido (o querido) hacer mayor cosa por salvar a Omayra, cuya situación era más elemental que la de los accidentados mineros. Ahora que en noviembre se cumplen 25 años de la tragedia de Armero, debería hacerse un juicio histórico por la indolencia y la irresponsabilidad, frente al valor de la vida de una humilde niña como Omayra Sánchez. Los chilenos nos dieron ejemplo del valor de la vida, se la jugaron toda, hasta con impecable y estético gusto en cada paso que dieron y no economizaron esfuerzos. Pero Omayra no nació en Chile.

Un periodista que la acompañó y habló con ella, dejó un angustioso testimonio escrito: “Pero Omayra aún está viva y es posible que hoy sábado aún esté viva y según los socorristas que la desenterraron hasta el pecho se puede salvar si se consigue una simple motobomba para succionar el charco de agua que se formó a su alrededor cuando lograron apartar la plancha de cemento que la tenía aprisionada. ¡Una simple motobomba! Desde las diez de la mañana los socorristas se la estaban pidiendo a los pilotos pero allí en aquel caos infernal de los escombros de Armero, nadie fue capaz de llevar en todo el día una simple motobomba. HP vida, no puede ser que esta niña se vaya a morir porque en este país no sean capaces de haberle traído en dos días una motobomba. Omayra se quedó allí sola ahora ayudada por un neumático para que no se hundiera en el charco. Sola en la noche que venía, sola entre tantos muertos, sola sobre los escombros de su ciudad, sola abandonada por hombres, por Jesús y por Marx... por todos abandonada”.

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1 comentarios:

  1. Alfonso: maravilloso que Fabio Arévalo se haya acordado de Omayra.Eduardo Santa publicó por entonces un bello libro sobre Omayra y latragedia de Armero. Ya el profesor de la Universidad de Antioquia,Jorge Mahecha, Fisico nuclear y humanista, se refirió sobre ese temade la indolencia y la verguenza de Colombia por su falta desolidaridad humana en un correo electrónico que me permiti diseminarpor el mundo entero. Esa imagen de Omayra, esa fotografia de FrankFoumer que ilustra la portada del libro de Eduardo Santa, no he podidoborrarla de mi memoria, estaba entonces en Belgrado y por televisiónen casa de poetas y amigos serbios vi lo que entonces califique"abominable espectáculo colombiano de la muerte".Cordialmente,-- Neftali

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