lunes, 29 de noviembre de 2010

El mercadeo de las ilusiones

FABIO ARÉVALO ROSERO MD

El mundo no ha cambiado por la política sino por la técnica. Lo que no se investiga, se mide y analiza, no mejora, y lo que no mejora se descompone. Es precepto obligatorio para un gobierno exitoso, usualmente desconocido por las administraciones en manos de políticos con intereses ocultos, elegidos como resultado de coaliciones para repartirse el poder y sus beneficios. Tienen en una mano el oro (mando) y en la otra la mediocridad (incapacidad), confirmando que la política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de particulares que utilizan la manipulación para llegar al poder a cualquier precio. Esta parábola nos ilustra el efecto engañoso del mercadeo político.

Se dice que un importante político tradicional muere. Lo recibe San Pedro y por su prestancia le da la opción de escoger en donde pasar su eternidad. Para ello le permite estar un día en el infierno y otro en el Paraíso. Inicia por el infierno. Allí lo recibe el diablo, un personaje perfumado, elegante, de fina corbata y buenas maneras. Se encuentra en un lugar espectacular con mujeres hermosas que lo consienten, bebidas, suculentas comidas y un enorme club con todos los juguetes. Pero además de ello se topa con políticos y antigua gente rica que lo adulan. Estaba en su salsa.

Al siguiente día San Pedro lo lleva al Paraíso. Le pone un par alitas, una túnica y lo suelta en la inmensidad cual pajarillo glorioso. El político no se cambia por nadie saltando de nube en nube como querubín tocando finas melodías en una lira. Estaba dichoso. Cumplidas las 24 horas San Pedro lo aborda y le dice: “Estimado doctor ya conoció Ud. los dos lugares, ¿cuál es su decisión?” El político contesta: “El Paraíso es hermoso, apacible, de paz infinita, pero en el infierno la he pasado muy bien, además allí están la mayoría de mis copartidarios y amigotes, prefiero ir allí”. “Es su decisión”, contesta el viejo Pedro.

Al llegar de nuevo al infierno su sorpresa es mayúscula, se encuentra con un lugar totalmente distinto. Una estercolera, nada de mujeres, ni bebidas, ni fiestas. Sus amigos andrajosos parecen algo menos que indigentes en trabajos forzados. El diablo, ahora con cuernos y cola, como feroz mayordomo lo recibe tomándolo por el cuello y amenazándolo con un trinche. El político se sacude e intenta protestar: “Un momento, ayer estuve aquí y era distinto, fenomenal”. El diablo le contesta, “Si, era que estábamos en campaña, pero Ud. ya votó por nosotros” Moraleja: Los políticos en campaña nos muestran el paraíso, para llevarnos al infierno.

Esto no solo ocurre en la política tradicional que nos venden todos los días. Comercialmente también recibimos mensajes que esconden otra realidad. Recordemos algunos ejemplos:

“Carro ecológico” (Auto que contamina algo menos, pero al fabricarlo se contamina más).
“Toda la energía que sus hijos necesitan” (Grasas y azúcares).
“Yogur que ayuda a su digestión” (Favorece el tracto intestinal como todos los yogures).
“Dinero fácil” (Endeudamiento fácil).
“Nuevo pack ahorro” (Menos cantidad, mismo precio).
“Confía en nuestra experiencia” (Necesitamos tu dinero).
“Te ayudan a cuidar la línea” (Es comida. La comida aumenta el peso).
“Tiquetes a 100 pesos” (Pagando todas las tasas y sometiéndose a condiciones extremas).
“Rejuvenecerás 10 años” (Tendrás la cara más grasa y las arrugas se verán menos).
“Noches de hotel gratis” (Consumo obligatorio mínimo).
“Lo que quieres” (Lo que no necesitas).
“Lo que necesitas” (Lo que no quieres).

No pueden faltar las consignas de la política local: “Bienestar para todos” (Mis copartidarios). “Arriba el Cauca” (Todos mirando arriba incluyendo a periodistas, mientras abajo hacen fiestas). Es el aberrante mercadeo de los sueños y las ilusiones de la gente.

Apostilla: un grupo de intelectuales, académicos, líderes ciudadanos y de opinión promueven un documento propositivo sobre el atraso y rezago de la región. Se trata de motivar una reacción ciudadana y aportar en la visión de soluciones innovadoras.

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