FABIO ARÉVALO ROSERO MD
La política es el arte de obtener dinero de los ricos y el voto de los pobres con el pretexto de proteger a los unos de los otros. Un precepto que parece guiar a dirigentes y políticos tradicionales regionales, si examinamos los resultados de los estudios de percepción ciudadana. La mayor parte de la sociedad civil se siente desprotegida, los pobres más pobres y los ricos mejor cuidados y más ricos. Las investigaciones sociales imparciales no mienten y no puede ser solo coincidencia lo que han mostrado tanto la revista “Poder” como el II Panel de Opinión de los líderes más influyentes del país, donde el departamento sale mal calificado. Algo muy grave debe estar ocurriendo.
Lo curioso es que los gobernantes con habilidad “glamourosa”, muestran un paraíso de gestión a los ingenuos. ¿Dónde está la confianza y la credibilidad? Muchas veces se empeñan en revelar resultados que no son más que parte pequeña de su obligación como funcionarios, por el poder conferido y más aun con los enormes recursos a su disposición. Por ello hay que vigilar muy bien a estos dirigentes que no pueden hacer nada sin dinero, o que quieren hacerlo todo sólo con dinero.
La percepción y sentimiento ciudadanos deben tenerse en cuenta, no solo la autopercepción y el narcisista autoelogio. ¿La política es el arte de mentir a propósito? Parece una norma en los dirigentes tradicionales, para sostener estrategias de manipulación y someter la voluntad popular. Pero como lo sentenció Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo."
Esto debe acabar, porque puede colapsar. Se eligen gobernantes para que beneficien a miembros de su propio círculo, a minorías privilegiadas, a su directorio, a sus inversionistas. Los demás reciben migajas con gestiones maquilladas. Así no son compatibles política y moral. Una política que no es más que el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos. Son engaños y manipulaciones que deben parar para evitar contribuir a la catástrofe social y a mayores desilusiones. Si elegimos a los que menos prometen, tendremos menos decepciones.
“En el Cauca ha habido muy malos gobernantes, no hay uno que se salve”, lo expresó el prestigioso periodista de origen caucano Antonio José Caballero, en reciente entrevista a “Proclama”. Además remató refiriéndose a la bancada parlamentaria: “No sirve para nada. Este país tiene un Congreso que avergüenza; debo referirme con especial consideración destacando sin reservas la gestión que realiza el Senador Luis Fernando Velasco y, esperamos que Carlos Julio Bonilla se distinga porque tiene buena experiencia administrativa. No todo es pésimo”.
Pero al menos no pasemos de agache ante la última investigación social de la empresa Cifras y Conceptos que dirige César Caballero en lo que atañe a la región. En el “ranking” de gobernadores Cauca es penúltimo solo por encima del Valle, que no vale por estar sin gobernador (es interino). En gobernabilidad es antepenúltimo, lo mismo en salud y en economía el ¡último! ¿Esto no da al menos para un gran debate público? ¿O hay censura de medios y periodistas a través de prebendas? Es alarmante el terrible conformismo que se siente, además de la capacidad de manipulación a través del poder y los recursos oficiales.
En esta situación más que inquietarnos el grito de los violentos, de los corruptos, de los sin ética; lo que más debe preocuparnos es el silencio de los buenos, que facilita el accionar de los “politiqueros” de siempre, para sostener el atraso y el subdesarrollo en beneficio de sus intereses. La ciudadanía debería movilizarse para cortarles de tajo cualquier riesgo de mantener sus tentáculos en futuras administraciones a través de ahijados, protegidos o testaferros. El mejor gobierno no es aquel que hace felices a sus amigos y copartidarios, sino aquel que hace felices al mayor número de personas.
Apostilla: ZONA FM (106.9FM) se ha constituido no solo en el mejor espacio radial, sino en el de mayor sintonía masiva y cualificada. Honores y gratitud a los oyentes.

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