Ser gobierno para empoderar al pueblo
Por Fernando Dorado G.
En la campaña electoral de 2006 que lideró el maestro Carlos Gaviria, el Polo diseñó la cuña promocional que decía: “Preparados para gobernar”. Fue una frase pretenciosa. Gobernar no es fácil. Nadie tiene la fórmula. Más en nuestro caso. Llevamos 200 años de vida republicana con gobiernos oligárquicos nefastos para el pueblo.
Los resultados: un país sometido al poder extranjero, con 60 años de violencia fratricida, una democracia de papel, una economía ilegal que carcome la institucionalidad, pobreza creciente, desempleo desbocado, ambientalmente destruido, y un Estado injusto e inequitativo hasta la vergüenza. En fin, una Nación menesterosa e indigna que desperdicia a un pueblo trabajador como ninguno y entrega sus riquezas al capital transnacional.
Si los trabajadores y sectores subordinados de la sociedad queremos reconstruir nuestro país y edificar una Nación digna, debemos aprender a gobernar. La protesta y la movilización popular seguirán siendo herramienta de resistencia y de protesta, pero los pueblos sudamericanos han demostrado que se debe pasar a una nueva etapa. “Ser gobiernos para empoderar a los pueblos”, es la consigna.
Durante la década de los años 90 del siglo pasado – una vez se aprobó la elección popular de alcaldes y la Constitución de 1991 – una gran cantidad de movimientos cívicos, comunales y comunitarios accedieron a numerosos gobiernos locales. A principios de siglo XXI diversos movimientos alternativos eligieron gobernadores en el Cauca, Guajira, Tolima, Nariño y Guainía. El Polo consiguió elegir como alcaldes de Bogotá a Lucho Garzón (2004-2007) y a Samuel Moreno (2008-2011), y tiene actualmente a Antonio Navarro al frente la gobernación de Nariño.
Es una formidable experiencia. Representa avances políticos importantes. La oligarquía alertada diseñó una estrategia criminal, paramilitar y mediática aprovechando la torpeza de la insurgencia armada. Así criminalizaron nuestras luchas y asesinaron a miles de dirigentes. En esos gobiernos hay éxitos y fracasos. Es parte de nuestra compleja vida política. Pero cabe la pregunta: ¿Cuáles son las razones que han impedido que el Polo se alimente de esas importantes vivencias? ¿Qué es lo que no nos ha permitido aprender?
Ese “bloqueo mental” frente al ejercicio de administraciones locales y regionales es la principal causa de lo que ocurre con el Polo en Bogotá. Responde a problemas ya detectados: No existe un proyecto político unificado; el tema de cómo ser gobierno no hace parte de la estrategia y táctica política; no se evalúan colectivamente las experiencias de los gobiernos alternativos o del Polo; y, la relación entre gobierno y “poder” no se ha clarificado conceptualmente. Por eso no tenemos escuela de gobierno.
El proyecto político
En el Polo no se ha discutido a fondo el proyecto político. El programa o “ideario” es la receta para todo pero cada cual lo interpreta a su manera. Para unos, el proyecto es “hacer la revolución”. La meta consiste en “acumular fuerzas para tomarse el poder” en el momento en que ocurra una insurrección popular (pacífica o armada). Sólo así – piensan ellos - se podrán concretar las transformaciones estructurales de la sociedad y del Estado. Es la fórmula clásica que está en la mente de los principales dirigentes. Así, con esa concepción no tiene sentido participar en gobiernos locales y regionales. “Son un desgaste”, según su opinión. La tarea “por ahora” es hacer oposición.
Para otros sectores auto-denominados “moderados”, pragmáticos, realistas, que hacen parte del Polo, el objetivo es ser gobierno para redistribuir la riqueza social en forma gradual sin tocar para nada la estructura capitalista. Antonio Navarro la definió así: “Construir un capitalismo con rostro humano”.[1]
Para otros sectores provenientes de los movimientos sociales, la tarea consiste en construir fuerza social “desde abajo” para – más adelante – “mandar obedeciendo”. Se desecha inicialmente ser gobierno por cuanto se teme caer en burocratismos, ser absorbidos por el clientelismo tradicional y fracasar. Según ese criterio “toda la política” está contaminada y se deben construir fuerzas alternativas. Sólo así se podrá sanear la política, según esta posición.
Estas son las principales tendencias que existen en el Polo, en la izquierda y en el movimiento social. Después de 7 años de “vida partidaria” no se abre el debate sobre este tema. Cada sub-partido o sector diseñó una estrategia para apoderarse o para instrumentalizar al PDA mientras observaba con sospecha, prevención y desconfianza a los demás grupos. Todos sabían de antemano que un Congreso Ideológico tendría que abordar esos aspectos fundamentales y por ello, nunca se convocó. Las consecuencias están a la vista.
Hay que decir que - si se construye confianza y se actúa con madurez -, esas tres líneas de pensamiento no son totalmente incompatibles. Pueden combinarse en forma creativa a fin “acumular fuerzas”. Se puede dosificar el pragmatismo, alentar e impulsar desde los gobiernos a las organizaciones populares, ejercer gobiernos éticos y con control social. Es cuestión también de voluntad, de “buscarle la comba al palo”.
El ejercicio del gobierno
De acuerdo a lo anterior, hay sectores en el Polo que de mala gana han aceptado participar en ejercicios de gobiernos locales y regionales. Su planteamiento es muy simple: esos gobiernos están sujetos a la normatividad burguesa, hacen parte de la estructura capitalista y están a su servicio, de tal forma que asumir esas responsabilidades sólo genera desgastes a quienes luchan por cambios estructurales.
Esas fuerzas políticas ayudaron a elegir a Samuel Moreno pero - al no creer en la validez de esa tarea -, lo dejaron solo. Esa alianza no era para gobernar a Bogotá sino para tener el control interno del Polo. Uno que otro militante de esas fuerzas aprovechó algún contrato o puesto de trabajo pero no es la regla general. Sin embargo, han contribuido – por omisión – a la debacle que representa una administración que figura a nombre del Polo pero que gobierna con prácticas clientelistas, y que, al no tener ni siquiera una visión política “alternativa” ha aplicado sin el menor freno las políticas neoliberales imperantes.
Es evidente que con esa posición no hay ninguna posibilidad de aprender. Se desecha de plano la construcción de experiencia administrativa y política. Se desconoce un terreno que – como se observa en América Latina – es parte fundamental de los proyectos democrático-nacionalistas. En el caso de Bogotá existe un importante legado de gestión gubernamental que no es propiedad de los alcaldes sino de la sociedad, que puede y debe ser apropiado por un partido que quiera contribuir con el fortalecimiento cualitativo de nuestros procesos de cambio.
De otro lado, los sectores “moderados”, reformistas, caen en lo contrario. Por el afán de ser gobierno realizan toda clase de componendas con partidos y políticos corruptos que enredan el camino. Se entregan a prácticas clientelares. Al no tener estructura partidaria o de movimiento, el alcalde o gobernador se vuelve el eje del proyecto. La tarea se torna unipersonal y se entra en la “carrera loca” de hacer obras que van a ser la palanca para dar el salto hacia un cargo superior (todo alcalde de Bogotá termina pensando en la presidencia de la república), o se usa el aparato burocrático para construir un poder clientelista.
En esa dinámica todo se desvirtúa. Se supone que el principal objetivo de “nuestros” gobiernos es “empoderar al pueblo”. Hacer que las comunidades reconozcan y ejerzan su fuerza y capacidad transformadora. Que la gente participe con poder de decisión en los asuntos primordiales de la función pública. Sólo así la ciudadanía percibirá que nuestros gobiernos son en verdad diferentes. Además, es la única forma de enfrentar la corrupción.
Así mismo se debe reconocer que un gobierno local o regional debe acatar las reglas del establecimiento. Ningún alcalde o gobernador puede administrar sin tener en cuenta esa realidad. Pero existe un amplio margen de acción para mostrar que sí estamos dispuestos a gobernar con ética y moralidad, con transparencia y espíritu amplio, a favor de las mayorías, con eficiencia y visión de ciudad o departamento, región o subregión. La gente premia ese esfuerzo, ella también aprende.
Además, en el Polo se idealiza el “poder” de la Presidencia de la República. Se cree que la situación es muy diferente a la de los gobiernos locales y/o regionales. Se piensa que las instituciones se pueden transformar de un momento para otro. No se estudian las experiencias de los gobiernos sudamericanos en donde las cosas no son nada fáciles. A ellos les ha tocado lidiar con situaciones heredadas muy complejas. Encontraron economías dependientes e insertadas en la globalización neoliberal y unos aparatos gubernamentales apopléjicos y burocráticos. Les ha tocado actuar con flexibilidad, sentido práctico, visión de largo plazo. Y… ahí van.
No se ha aclarado la diferencia entre gobierno y “poder”
Por último, hay que anotar que sigue existiendo una gran confusión frente a la concepción de poder. No hemos estimulado la discusión sobre este importante tema que está en el centro de todas las divergencias. Las valiosas experiencias que los pueblos del mundo han vivido durante los últimos 100 años pasan desapercibidas para nosotros.
Ese tema queda planteado a manera de motivación. Solo me adelanto a decir que se puede tener el gobierno y no tener la capacidad o “poder” de transformar la realidad social y económica. Todo depende de la correlación de fuerzas y de nuestra actitud política. Pero, así mismo hay que recalcar que sin acceder a los gobiernos es imposible quebrar la resistencia de los poderosos. Se requiere la derrota política de la burguesía y el imperialismo, y ello significa que hay que asumir la dirección de los gobiernos. La vida nos obliga a enfrentar situaciones de “dualidad de poder”, avanzando en medio de las tensiones propias de ser gobiernos nacionalistas y democráticos en países donde los capitalistas tienen todavía el poder económico.
Tal situación sólo cambiará en favor de los trabajadores y los pueblos cuando una Hegemonía Social Popular vaya reemplazando ese poder burgués en todos los terrenos: económico, social, cultural, político, administrativo. De alguna manera, ya lo estamos haciendo, pero hay que hacerlo mejor, con consistencia, unificados en lo fundamental, y con cierto “afán paciente”.
Conclusión: Nunca estaremos completamente preparados para gobernar pero debemos hacer el máximo esfuerzo para ejercerlo bien. Con sólo gobernar sin clientelismo - con ética y transparencia -, ya sería un avance aunque no es suficiente para un partido que aspira a grandes transformaciones. Construir las bases de una democracia participativa debe ser uno de los grandes objetivos pero también debemos avanzar hacia una planificación democrática del desarrollo y en la implementación de una economía de equivalencias que ponga en primer lugar el valor del trabajo. El capitalismo está en crisis, debemos buscar caminos para superar esta fase destructora y depredadora de la vida. Si lo pensamos, lo haremos.
[1] La vida está comprobando que eso es imposible. El “mundo desarrollado” (EE.UU., Europa, Japón) va de para atrás. En China, a medida que el capitalismo crece la explotación y la injusticia se acrecienta.
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