Por Fernando Dorado G.
Trato de interpretar la tragedia de un sector socio-político colombiano, del cual de alguna manera hago parte, que es la intelectualidad revolucionaria de origen pequeñoburgués que ha encabezado la lucha guerrillera en Colombia: FARC, ELN, EPL, ADO, M-19 y otras derivaciones. Miles de jóvenes idealistas entregaron sus vidas durante cuatro décadas. Sin embargo, no encontraron la forma de conectarse con la fuerza social popular para canalizar su energía revolucionaria, su capacidad de entrega y su heroico sacrificio. Se vieron envueltos en una estrategia guerrillerista rural de “toma del poder” que en Colombia no tenía ninguna posibilidad de éxito, como no la tiene ahora.
Otra porción de esa pequeña-burguesía (MOIR) se ligó a sectores de obreros y trabajadores. Hizo aportes importantes a la lucha del pueblo colombiano (lucha por soberanía nacional y espíritu de investigación) pero al no evaluar a fondo los errores del “socialismo real” de la URSS, sus esfuerzos tropezaron con limitaciones estructurales. Su genial fundador (Francisco Mosquera) hizo serios esfuerzos – excepcionales en América Latina – para construir una teoría marxista post-guerra de la URSS contra Afganistán, momento de definitivo quiebre contrarrevolucionario en la sociedad soviética, pero la vida no le alcanzó. La base social obrera de este partido poco a poco sucumbió a la práctica generalizada de la dirigencia de los trabajadores del Estado que degeneró en burocratismo “estatista” y corrupción sindical.
Igualmente, otro sector representado por la dirigencia del Partido Comunista, se ha mantenido valientemente entre la lucha legal y la armada. Sus vínculos con sectores agrarios surgidos del eje Sumapaz-Líbano, que se formó de las luchas campesinas desde las primeras dos décadas del siglo XX, ha sido su gran conexión social, pero hoy sus bases están siendo atraídas por el “radicalismo bolivariano” muy parecido al “extremismo guerrillerista” de los años 70. Muchos ya no quieren saber nada de lucha legal y electoral. Su aporte: mantener la bandera comunista como un estandarte válido aún en estas épocas.
Además, otro sector de esa pequeña-burguesía, el M-19, intentó quebrar esa dinámica de guerra controlada de pequeñas vanguardias. Logró importantísimos avances en medio de errores garrafales (toma del Palacio de Justicia y otras acciones aventureras), se conectó con el espíritu popular, reinterpretó lo nacional, lo simbólico, la ambición de poder y ser gobierno, pero en el momento de concretar esos logros (1990-1992) mostró un espíritu cortesano al plegarse antes, en y después de la Constituyente a la oligarquía colombiana (participación de Antonio Navarro en el gobierno neoliberal de César Gaviria y otros comportamientos como el de concertar con López Michelsen la inhabilidad de los Constituyentes para ser congresistas).
El fenómeno de las ONGs, impulsadas desde el imperio (EE.UU. y Europa) ayudó también a cooptar o degenerar políticamente a gran cantidad de cuadros, aunque en un momento dado estas organizaciones se presentaron como el reemplazo del Partido Político o como punto de apoyo para las organizaciones sociales.
Hoy esa generación de los años 60 y 70 está – casi - dejando este mundo. Debería ser una obligación abrir el debate sobre ¿Qué pasó? ¿Cuáles fueron los condicionamientos estructurales de la sociedad colombiana que nos han llevado a este verdadero “callejón sin salida”? ¿Son necesarias esas evaluaciones para alimentar a las nuevas generaciones y que éstas puedan mirar esa realidad con visión crítica y en verdad superarnos? O… lo más fácil, seguir por la misma…
Si se abre el debate deberemos responder otras preguntas: ¿Cuáles son las concepciones ideológicas y políticas que contribuyeron a impedir que un pueblo luchador como el colombiano no encontrara una dirigencia que pudiera canalizar sus necesidades y energías hacia la derrota de una oligarquía criminal que ha logrado mantener su dominio? Es un balance oportuno. Si no lo hacemos la sociedad colombiana transitará otros “cien años de soledad”.
Es evidente que nuestro pueblo sí encontró algunos dirigentes que estuvieron a muy poco del triunfo estratégico, en su momento. Gaitán, Camilo Torres, Bateman, Pardo Leal, y muchos otros, pero algo nos faltó para completar el peso. Entre otras, que “los dejamos” matar, sabiendo de lo que eran capaces. (En esto ha sido obsesivo Fidel, insistiéndole a Chávez, a Evo y a Correa sobre los planes de magnicidio que la CIA siempre intentó contra él y que puede repetir contra ellos).
Hoy que estamos frente a un verdadero desorden, hay que revisar. El único proyecto político (Polo) que había conseguido “unificar” (así haya sido en torno de lo electoral, que tiene hoy una importancia máxima en América Latina) por lo menos a un 80% de esa intelectualidad revolucionaria, está en franco desmoronamiento inercial (ni siquiera es una desintegración dado que nunca se logró integrar de verdad). Hay que realizar una especie de catarsis, para poder aportar algunos referentes de análisis y que las nuevas generaciones avancen más allá de donde hemos llegado.
En lo fundamental seguimos pensando y actuando como lo hemos hecho a lo largo de 50 años. Si no nos pegamos una fuerte sacudida, seguiremos por la misma. Todos nos quejamos de la maldad y la criminalidad del imperio y la oligarquía sin asumir nuestra responsabilidad en los hechos. Supuestamente nosotros no nos hemos equivocado, son otros los causantes de nuestras desgracias. Es evidente que ha habido una derrota histórica que hay que asumir. La oligarquía nos quitó la bandera de la Paz y la convirtió en estandarte de guerra. La lucha revolucionaria fue identificada – por las mayorías – con las acciones criminales de la guerrilla que fueron utilizadas exponencialmente por los medios con ese fin. Hemos sufrido una derrota histórica, sobre todo, de carácter ideológico.
Mientras tanto…
La izquierda tradicional todavía sueña con la insurrección popular (armada o pacífica).
Los herederos del M-19 (Navarro-Petro), que intentaron una variante, hoy quieren repetir una nueva Asamblea Constituyente en alianza con Santos, sin haber evaluado lo que sucedió hace 20 años. Para ellos, el nuevo Álvaro Gómez es Santos. Representa a un “sector democrático-progresista” de la burguesía, según su visión. “Hay que separar a Uribe de Santos”, es su consigna, cuando la tarea es conseguir que Uribe sea desenmascarado y con él, desenmascarar a sus cómplices entre los que está en primera línea Santos.
Otros sectores que han venido surgiendo no encuentran los elementos teóricos y referentes de identidad que les permitan encontrar el camino. Por ello muchos se ilusionan con el Partido Verde, que tiene elementos interesantes pero que actualmente está dirigido por el pensamiento de Mockus, fundamentalmente reaccionario con apariencia de moderno, basado en la religiosidad laica de tipo europeo, base conceptual del ético-moralismo, combinado con un pragmatismo en política que lo lleva a ser “ético en abstracto” pero incapaz de cuestionar los crímenes de Uribe, y que por su carácter de clase no conecta con el espíritu y la cultura mestizo-popular de la mayoría de los colombianos.
Se hace necesario – siguiendo el ejemplo de lo que está sucediendo en América Latina – que aparezca o se impulse un movimiento “ciudadano-popular” que recoja lo más avanzado de nuestra intelectualidad revolucionaria (vieja y nueva), que se coloque una estrategia de mediano plazo. Sin claudicar ante la oligarquía. Sería una conjugación auténtica, con alma y espíritu popular, con fuerte sentido Nacional y gran vocación Social, que busque las conexiones populares. Una especie de síntesis cualificada de personalidades como las de Robledo, Petro, Lucho, el mismo Mockus, Fajardo, pero fundidas y mirando hacia adelante. Una propuesta que les proponga a los colombianos un nuevo camino de Reconciliación buscando el progreso colectivo, el rescate de “nuestro amor propio” y el diseño de un modelo de desarrollo autónomo, que apunte a acabar con la economía del narcotráfico y a recuperar-valorando las grandes capacidades de trabajo digno y honesto que guarda en su seno nuestro pueblo.
Poco a poco irá surgiendo ese movimiento ciudadano-popular que requiere nuevas formas de organización, comunicación, acción civilista, visión práctica de la resistencia económica, revaloración de la cultura, y muchos otros elementos de ese tipo.
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