Reinel Gutiérrez
El nuevo año sí será feliz para todos y esto lo pronostica la misma realidad. Desear lo mejor a la familia, a los vecinos y amigos el 31 de diciembre es un acto humano, de emociones y sentimientos sanos, aunque esas intenciones no se traduzcan en progreso y bienestar.
La mente necesita recrearse, descansar y tener unas vacaciones, por lo tanto se usan cuentos, historietas, palabras, tarjetas y cartas, para fomentar la esperanza y los anhelos. Con la expresión, "había una vez", crecieron muchas generaciones, para luego comprobar que Caperucita Roja no existió y Blanca Nieves y los siete "corticos", tampoco.
Pero si no hubiese sido así, los traumas serían mayores, por la dura realidad sin atenuantes. El 2011 tendrá gratas noticias, augurios y promesas.
Los colombianos serán halagados por los mensajeros de la paz y la felicidad que recorrerán plazas, calles, avenidas, puentes, auditorios, veredas y caseríos.
Ellos se encargarán de sacudir la apatía, el desconcierto y los horizontes cerrados, en los cuales se encuentran estancados los hijos de esta nación.
En su afán de llegar a las alcaldías, gobernaciones, asambleas y concejos municipales, portarán un lenguaje de luz para iluminar el sendero. Las gente resultará encantada pensando que habrá salud, alimentos, techo y más trabajo. Los salvadores demostrarán buenas intenciones, así cuando hayan sido elegidos, digan que no pueden cumplir, debido a la "olla raspada" que dejó el anterior gobernante. (A propósito la olla de la gobernación del Cauca es de marca Probolsa). En este diciembre hay abrazos, besos, licor y regocijo por lo bueno que vendrá, en desarrollo, no de una guerra, sino de una fiesta democrática, con payasos, máscaras, globos, pólvora y maquillaje.
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