lunes, 13 de diciembre de 2010

La libertad de expresión acosada

FABIO ARÉVALO ROSERO MD

Julian Assange, es un héroe, casi mártir, que ha desafiado a la primera potencia del mundo. Su decisión de publicar información ultrasecreta relacionada especialmente con actuaciones del gobierno estadounidense, además de valiente, tiene enorme significado para el mundo. Se ha podido confirmar la doble moral de estados poderosos, cuyos verdaderos intereses (ocultos) han quedado al desnudo, de allí la ira de EU y sus aliados, que paradójicamente se creen víctimas de acciones terroristas.

Assange y su medio WikiLeaks, solo han cumplido una función periodística al tener acceso a información privilegiada. Pero el valor de la verdad prevalece sobre cualquier interés que puedan tener gobiernos a quienes solo les importa mantener su dominio. Julian Assange esta detenido en Gran Bretaña, por una supuesta acusación de violación, cuyos detalles se han conocido y al parecer se trata más bien del protagonismo de las mujeres “halagadas” por el australiano y un buen pretexto de la alianza de los gobiernos afectados para evitar que el mundo conozca más de la hipocresía de sus acciones.

Pero el cerco que está sufriendo Assange constituye un auténtico acoso a la libertad de expresión, cuya resolución sentará un valioso precedente para el futuro de los medios. Si pierde WikiLeaks, perderemos libertades y perderá la verdad que sería privilegio de pocos. Si gana, el periodismo de Internet habrá dado un nuevo e importante paso para consolidarse como una herramienta poderosísima a favor de un mundo más democrático y transparente.

La libertad de expresión es un derecho humano internacionalmente reconocido que limita el poder del Estado para prohibir y publicar información. Es al Estado al que corresponde demostrar que toda restricción que imponga es necesaria y no amenaza el derecho mismo a la libertad de expresión. Según Amnistía Internacional, los procedimientos penales que tengan por objeto castigar a un particular por comunicar indicios de violaciones de derechos humanos no están justificados jamás. El boicot desplegado por las multinacionales contra Wikileaks no tiene respaldo ético, ni legal. Los gobiernos no pueden eludir su obligación de respetar el derecho a la libertad de expresión intentando hacer indirectamente lo que tienen prohibido hacer directamente.

La información liberada por Assange proviene de fuentes fidedignas, es decir es cierta. De allí el enojo de Obama, desesperado porque al parecer se embolató su reelección. La principal fuente es el soldado estadounidense Bradley Manning que se encuentra detenido por cargos entre los que figura la filtración de información sobre la defensa nacional. Amnistía Internacional consideraría motivo de preocupación que un gobierno intentara castigar a una persona que, por razones de conciencia y de manera responsable, hubiera publicado datos con el convencimiento razonable de que esa información era prueba de violaciones de derechos humanos que el gobierno intentaba mantener en secreto para impedir que el público conociera la verdad sobre ellas.

Si los que están intentando por todos los medios minimizar el impacto de las revelaciones exclusivas de WikiLeaks, encarcelar a sus responsables y acabar con el incipiente brote de rebelión que vive la red se salen con la suya, la libertad de expresión habrá sufrido un duro golpe. A tono con esas infames ruedas de prensa en las que se prohíbe preguntar a los periodistas, esos políticos prepotentes del “avui no toca” y esos periodistas conformistas que prefieren callar y copiar, más identificados con un papel de cómplices que con el de testigos incómodos de los cambios sociales, se sentirán más legitimados, aunque menos libres.

Assange le ha hecho un favor al mundo, al desnudar la hipocresía y la manipulación de los poderosos. Es por ello que debe ser respaldado internacionalmente, para evitar se deje un precedente nefasto contra la libertad de expresión y la verdad. Por la salud del mundo se debe conocer toda la información sobre abusos, especialmente contra los derechos humanos.

Apostilla: La libertad de expresión también es coartada o acosada, cuando se dan prebendas (o cuotas) a comunicadores para comprar su silencio y limitar su ya de por si precario criterio. Algo común en la política regional.

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