Por Hernando Jiménez Pérez
Fue una confabulación que bien podría considerarse “terrorista”. (RAE: Confabular: ponerse de acuerdo dos o más personas para emprender algún plan, generalmente ilícito). Esta, parece ser, una confabulación tramada, como la Yidispolítica, por una sola persona o en el peor de los casos por un computador! Pero como una confabulación, al igual que una nota periodística, debe contener planteamiento, desarrollo y clímax, vamos por esas partes.
No ha habido recientemente en Colombia acontecimiento cultural (o ¿político?) que se asemeje al Concierto Binacional Colombo-Venezolano, realizado el pasado miércoles 15 de diciembre de 2010 (que quede la fecha como constancia) en el Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo. Nuestro nuevo, y a mucho orgullo, (como es proverbial entre nosotros compararnos con el gran mundo), Lincoln Center.
Y esta vez, hasta el suscrito, que posa de modesto se hinchó y sacó buen pecho. Y es que no era para menos con esos protagonistas: Juan Manuel Santos Calderón, nuestro Presidente con un 90% de aceptación y Hugo Rafael Chávez Frías, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, competidor de Julián Assange (creador de Wikileaks) por el Nobel del Desprestigio Internacional. Ni la Operación Jaque, ni una declaración de Ingrid Betancourt, ni un bombardeo al “enemigo”, ni siquiera una diatriba de algún ex asesor presidencial han levantado una polvareda semejante a la suscitada por el abrazo de reconciliación entre “hermanos”, hasta ayer en discordia.
Ya en la mañana el hermano chiquito se había dejado venir con otro abrazo y un generoso regalo para nuestros heroicos sobrevivientes de esas lluvias asesinas, con que la Divina Providencia nos ha agasajado en esta Pascua. Ese abrazo para agradecer la generosidad ecuatoriana debió molestar a algunos de los fallidos invitados al Concierto, a juzgar por unas pocas sillas vacías, que nos impidieron a muchos comprar una boleta para el significativo evento. Correa pudo perdonar el bombardeo. Pero algunos miembros de la “Nueva Oposición”, ¡NO!
Y ni hablar del abrazo a Chávez. No le valió mandarnos 100 de los afortunados jóvenes representantes de ese ejemplo para el mundo que es el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela y su hija consentida la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana “Simón Bolívar”. Su creador, el maestro José Antonio Abreu, disfrutó sentado junto a nuestro Presidente y a su esposa, doña María Clemencia Rodríguez. El pueblo y yo nos hemos tomado el atrevimiento de llamarla también “Tutina”, como lo hace su marido, lo que ya es una muestra de afecto.
El maestro Abreu acaba de recibir de la Reina Beatriz, de Holanda, el Premio Erasmus por su idea de hacer de la música una bomba atómica para la paz. Lo respalda con resultados similares Daniel Barenboim y su Orquesta del Diván Este-Oeste, quien se ha propuesto paliar el conflicto árabe-israelí, a punta de medicina tan conflictiva como crear la orquesta con músicos de los dos bandos enfrentados e intentar tocar, en medio de airadas protestas, a Wagner en Jerusalén!
Mejor le fue a Gustavo Dudamel, el luminoso y este sí creíble “cargado de tigre” Director venezolano. Nuestra “guerra” no ha pasado de los insultos. Dudamel salpimentó el menú del Julio Mario: una entrada de Blas Emilio Atehortúa, (´remember´ la Fanfarria para la reapertura del Colón), platos fuertes de Evencio Castellanos (autor de valses venezolanos que recuerdan las danzas del cubano Ignacio Cervantes), del inefable Ginastera (sí, el de la Canción al Árbol del Olvido) y hasta del Stravinsky de la trepidante Consagración Primaveral. Pero la explosión se la reservó el barquisimetano, iluminado por su Divina Pastora, para después de la Obertura Festiva, de Blas Emilio, de un vibrante retrato sonoro de Venezuela en el Santa Cruz de Pacairigua, de la argentinísima Estancia, y de ese siempre resplandeciente Pájaro de Fuego, hacer explotar de nacionalismo binacional contenido por ocho años (objeto del Concierto del Abrazo) a ese auditorio ávido del postre de bises que sacudió la imponente estructura del Teatro Mayor.
Un Alma Llanera, tan nuestra y de los vecinos porque no sabemos dónde empieza y dónde termina ese llano. Es uno solo. Y una Colombia, tierra querida con la que Matilde Díaz y Lucho Bermúdez desbancaron para siempre a la histérica señora que se arranca las mechas y las cuelga de un árbol. Ellos, como dicen ahora, “con todo respeto”, mandaron a la Virgen a que se tranquilice y se peine. Las dos obras llevaron al público al paroxismo. O por lo menos así lo pude observar desde la tranquilidad de mi cama. Definitivamente, “Colombia, tierra querida” debe imponerse como el Himno Nacional de esta “tierra de leones”… cargados de tigre.
No más histerias espelucadas como las de la Virgen del Himno y las de la Nueva Oposición. El tremendo gazapo inicial de asignar en la presentación del Concierto la autoría del Himno Nacional de Colombia a Rafael Reyes, en vez de Rafael Núñez es un castigo de la Historia a los arrebatos poéticos del cartagenero, en favor de los dictatoriales del boyacense. El costeño, amigo de la re-elección, por lo menos se hizo elegir cuatro veces, dicen que “democráticamente”. Fue mejor político que poeta y Orestes Sindici musicalizó magistralmente los arranques líricos de “La Mechuda”, esa advocación irreverente de la Santísima Virgen, nuestra patrona, que Núñez más que Sindici creyó haber consagrado en “el Himno más bello del mundo”.
Con todo, hay que crear en Facebook la página “Colombia, tierra querida destruye a La Mechuda” y ayudarse con unos trinos en Twitter. Los amigos de las páginas sociales con ayuda de Petro, el asesor que va para Ministro de Juan Manuel Santos, puede salvarnos y yo voy con él. Petro pidió atención al problema del agua y la Providencia lo oyó en metros cúbicos. La restitución de tierras ya se verá cuando baje el nivel de oposición que está tratando de ahogar a Juan Camilo Restrepo. Y la de las víctimas, ahí va Vargas Lleras sobreaguando en las inundaciones con su nadadito de perro.
El Concierto Binacional que en buena hora motivó el abrazo con nuestros vecinos es señal de que Juan Manuel Santos nada con firmeza hacia el 100 por ciento. Yo, ex polista triturado por la “hecatombe”, desde el glu, glu, glu…me le sumo.
hernandojimenez@etb.net.co
Bogotá, D.C. 17 de diciembre de 2010, segundo día de la Novena al Niño Dios quien este año sí nos traerá la PAZ.

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