CRÓNICA
Por: Alba Liliana Torres, coordinadora de biblioteca Comfenalco Valle.
A las 6:30 de la mañana del sábado 27 de Noviembre llegó en su Jeep a recogerme el señor Jesús, más conocido como “Manga Larga”. Yo había amanecido en la casa de mi querida amiga Sandra Liliana, en Buenaventura, y estaba cargada de libros, alimentos y ropa que salieron empacadas en 13 cajas desde Cali.
Mi curiosidad infantil me llevó a preguntarle al conductor por qué le llamaban “Manga Larga” cuando su camisa era de manga corta, y respondió que “hace 25 años cuando llegué de Roldanillo, Valle, a trabajar a Buenaventura era de los únicos motoristas que usaba camisa de manga larga y por eso la comunidad me puso ese apodo”.
En el camino, don Jesús paró en una esquina a saludar un amigo y nos encontramos con un hermoso cuadro: Una perrita french poodle amamantando a un pequeño tatabro (cerdo salvaje), definitivamente la naturaleza nos da lecciones de solidaridad y amor.
Al llegar al Bajo Calima me encontré con don Amílcar quien me llevaría en lancha hasta la comunidad de Malaguita, lo saludé con gran entusiasmo y después intenté sacar mi cámara para tomar las fotos del viaje, pero me dijo que no era seguro, que cuando estuviéramos navegando por el río podría tomar todas las fotos que quisiera, al escuchar esto y ver su preocupación pensé: “¡Dios mío estoy en tus manos!, tu sabes que mi intención es entregar personalmente esta donación a tus hijos que pasan por una difícil situación, así que por favor cuídame y protégeme de todo mal y peligro”.
Minutos más tarde abordamos la lancha y empezamos a navegar por el río Calima, me sorprendió el ancho del río, los manglares y los bosques tan poblados.
En el camino experimentamos sol y lluvia razón por lo cual don Amílcar me dio una capa para protegerme.
Yo parecía una niña de 5 años preguntándole por el nombre de los caseríos que nos encontrábamos en la orilla, y fue así como me enteré que pasábamos por La Esperanza, San Isidro y Ceimito. Lo más impactante de la travesía fue cuando en plena lluvia, a orillas del río en un caserío llamado Vallenato, observé a unas indígenas lavando ropa con su tarumá (traje típico), que es una pieza de tela enrollada en la cintura y su torso completamente desnudo. Esta escena me emocionó muchísimo, empecé a saludarlas levantando las manos y ellas respondían igual. También me conmoví cuando don Amílcar me mostró un pueblo fantasma donde sus habitantes habían sido desplazados por la violencia.
Una hora después dejamos el río Calima y empezamos a navegar por el imponente río San Juan, el más importante de la vertiente del Pacífico colombiano, uno de los más caudalosos de Suramérica y con 380 km. de extensión, de los cuales 200 son navegables. El paisaje rodeado de manglares y una espesa selva es hermoso.
Media hora más tarde llegamos a Malaguita, allí estaban esperándome el Profesor Elmer Posso, y algunos niños y jóvenes de la comunidad. En la Escuela me esperaban unos lindos letreros realizados por los niños y niñas donde me daban la bienvenida al lugar, descargamos las cajas ante la mirada sorprendida del profe Posso quien al ver tantos libros se deleitaba pensando en todo lo que aprenderían todos los habitantes de Malaguita y las cabeceras cercanas.
Un rato más tarde llegó Jenny, una niña que estaba cumpliendo 16 años a la que le llevé torta, gaseosa, regalo y los globos que me regaló Elisa para decorar el lugar. Los niños, el profe y yo empezamos a organizar el lugar para la celebración, inflamos y acomodamos los globos, hicimos sorpresas con los dulces que me regalaron algunos amigos y dejamos todo listo para volver en horas de la tarde. Llegó la hora del almuerzo y disfruté de un delicioso pescado barbudo que me regaló una señora de la comunidad, el plato estaba acompañado de unas deliciosas papas chinas que muy amablemente me sirvió doña Elvia, la señora que me hospedó en su casa.
Después de almorzar, el profe Posso sugirió que descansará un poco pero yo preferí visitar las comunidades indígenas y si era posible, tomar algunas fotos. Acompañada del profe, los niños, algunos jóvenes y varios paquetes de gomas dulces, fuimos al resguardo indígena de los Waunana. Al llegar al caserío, la primera impresión que deja, es que son muchos y muy pobres, pero cuando me despojo de mi visión urbana puedo descubrir que son ricos en sabiduría, cultura, capacidad de adaptación al medio ambiente y convivencia.
Las familias Waunanas son muy numerosas y me pareció interesante conocer que para ellos la procreación, que empieza desde que las mujeres llegan a la pubertad, es una forma de defender su etnia frente a la altísima mortalidad infantil por razones de higiene y precaria atención en salud.
Los Waunanas se mostraron tímidos y recelosos conmigo, pero gracias a la intervención del profe Posso, quien es reconocido y apreciado por la comunidad, logramos romper un poco el hielo, repartirles dulces, las mujeres se entusiasmaron con las fotos y terminamos tomándoles a ellas con sus niños con la promesa de enviárselas con el profe. Estuve muy feliz aunque no niego que me decepcionó ver a las mujeres que usaban su tarumá, pero tenían el pecho cubierto por blusas de las que se compran en cualquier almacén de la ciudad.
Después de la visita al reguardo fuimos a El Chorro, una majestuosa cascada de agua cristalina y refrescante que me hizo descansar y quedar relajada para asistir a las presentaciones artísticas que los niños y jóvenes tenían preparadas para mí en la escuela.
En la escuela me emocioné cantidades al escuchar a los niños y jóvenes cantar sus coros y coplas del Pacífico al igual que canciones en inglés, francés e italiano que les ha enseñado su maestro, el profesor Elmer Posso.
Después de la emotiva presentación, repartimos la torta, los mercados y la ropa que mis amigos donaron generosamente para esta causa, las personas de la comunidad expresaron su agradecimiento por el buen corazón de todos los que hicieron posible que yo pudiera llevarles estos artículos que sin duda les van a servir mucho y regresaron a sus casas no sin antes invitarme a regresar para prepararme comida con pescado en sus casas.
El domingo a las 7:00 a.m. abordé la lancha de regreso al Bajo Calima llevando conmigo la alegría de haber compartido con esta linda gente, el compromiso de enviarles una cuantas cosas más en el mes de diciembre y la firme intención de seguir brindándoles mi ayuda, que solo es posible con el apoyo de ustedes, mis amigos que saben de la importancia de compartir con los más necesitados.
Un abrazo y mil gracias por la colaboración recibida.
Alba Liliana Torres
Coordinadora de biblioteca y arte y oficios
Comfenalco Valle





0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada