domingo, 5 de diciembre de 2010

NAVIDAD EN VENEZUELA

Gloria Cepeda Vargas

Ya estarán las luces de Sabana Grande derramadas sobre los cafetines de la avenida central. Bufandas adquiridas en las ventas artesanales de El Hatillo, se enfrentarán al frío que enrojece la nariz de los patinadores. El centro de Caracas, bloqueado por una invasión de buhoneros, parpadeará en verde, en rojo, en amarillo metálico sobre los villancicos ingenuos o picarescos que asaltarán impunemente a los transeúntes desprevenidos.

La neblina que se escurre por las faldas del Ávila, se adueña de la vida. Quizá esa ciudad nueva para sus habitantes acostumbrados al despilfarro demencial, exhiba hoy una cara distinta. Tal vez el boato que rugía desde las opulentas residencias del este hasta los cinturones de emigrantes atrincherados en quebradas y cerros suburbanos, se haya ido con su música a otra parte. Quizá la amable Caracas "del sol y el mar cercanos", conserve todavía su cintura multicolor o la alegría desafiante de los gaiteros recién desembarcados rasgue el aire con su barahúnda provocadora: "Madre mía, si el gobierno/ no ayuda al pueblo zuliano/ y si no le da la mano/ mandémoslo p´al infiernooo..." Es el viejo reclamo maracaibero tronando desde su lago de petróleo. La arrogancia del poderoso aposentada en Miraflores. La capital de espaldas a las necesidades provincianas.

Este año como siempre, el Niño Jesús bajará cargado con las hojas de plátano y los aderezos necesarios para elaborar las hallacas navideñas. El delicioso manjar, emblema de la nochebuena venezolana, humeará por igual en la mesa del rico y del pobre, porque más que enfrentarse a los desaciertos del gobernante o a la devaluación de la moneda, el venezolano necesita contar con el aroma de la hallaca en la cena de navidad. Es la costumbre heredada de las antiguas cocinas familiares, la golosina que a lomo de mula cruzaba la frontera para aliviar la nostalgia de los comerciantes de café y ganado cuando la noche navideña los sorprendía lejos de su patio.

La historia de ese país no fue escrita únicamente por el desafuero petrolero o las gestas heroicas. Es también esa amalgama agridulce que adquirió carta de nacionalidad cuando los araguaneyes adolescentes sembraban de oro y malva los primeros caminos de herradura.

"Cierre la puerta compadre/ que afuera hay mucha alharaca/ siéntese que ya le traigo/ su ponche crema y su hallaca". Y antes de que la noche se fugue rumbo al mar por el viejo Camino de los Españoles, es bueno compartir el afecto en torno a ese condumio que como el gentilicio, pertenece a todos por igual.

Ya estarán las puertas de la catedral caraqueña abiertas para recibir a las mujeres y hombres solitarios en la madrugada de año nuevo. El viento, que trató en vano de despeinar la estatua ecuestre de Bolívar, cansado de asustar a los niños y a las palomas domingueras, se alejará silbando la última tonada de Sadel. Porque éste es un viento desactualizado. No sabe que Sadel pasó de moda porque, como María Luisa Escobar y Billo Frómeta, se eclipsó con la luna de los años ochenta.

Ya estará la navidad repicando desde la madrugada en el estruendo de las misas de aguinaldos. Del Orinoco al mar, se llenó Venezuela de estrellas y esperanza.

1 comentarios:

  1. Para: Alfonso José Luna Geller
    Enviado: lun, 6 diciembre, 2010 08:15

    Alfonso y Proclamanortecauca: Salud.

    Grata sorpresa encontrar como colaboradora a una de las mujeres de Colombia que mejor manejan la pluma. Has ganado para tu trabajo periodístico las letras fuertes y diáfanas a esta mujer recia.
    Como poeta y como columnista Gloria Cepeda Vargas da que hablar y habla con propiedad y lleva un azote en su lengua.
    Congratulaciones por esta "adquisición".

    Un abrazo,

    Leopoldo de Quevedo
    ___________________________________

    Gracias, maestro; igualmente, nos hemos sentido muy orgullosos con la participación de ella como colaboradora de este medio. Eso nos obliga día a día a ser mejores y entregarle a nuestros miles de lectores productos noticiosos, literarios y de opinión de la mayor calidad. Lo que Usted destaca es la mayor virtud que enarbolamos: contar con los más destacados pensadores y escritores de la región, entre quienes Usted también brilla, lo que además significa una gran responsabilidad de nuestra parte para acoger en esta humilde casa periodística, con la mayor pulcritud y excelencia a la excepcional pléyade.

    Alfonso

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