lunes, 13 de diciembre de 2010

Santander de Quilichao: Tierra de Nadie

Por Alfonso J. Luna Geller

Antonio José tiene razón. No podemos seguir haciéndonos los ciegos-sordo-mudos ante la funesta situación por la que atraviesa Santander de Quilichao.

Los asesinatos diarios, los atracos a transeúntes desprevenidos, la drogadicción avasalladora, los robos cotidianos a residencias y establecimientos comerciales, el expendio callejero y en las “ollas” de toda clase de narcóticos, - que todos los niños y jóvenes conocen, menos quienes debieran combatirlos -, la invasión incontrolada de los espacios públicos, la contaminación auditiva, y en general del medio ambiente urbano, en fin, el caos generalizado que hoy caracteriza a Santander de Quilichao, circunstancias que se suman a las amenazas de suspensión del escaso alumbrado público por parte de una extraña empresa que desconoce los derechos de las comunidades, además del ineficaz asedio de las autoridades a trabajadores que se desplazan en moto –tratando de significar que están ‘controlando’ el orden público-, las amenazas de muerte a quienes se expresan libremente, todo, un ominoso paisaje enmarcado en la falta de planes y acciones que conduzcan a superar, o por lo menos, a intervenir la realidad que padece el habitante común y corriente.

En Santander de Quilichao todas estas situaciones sorprenden a las autoridades, es decir, las cogen desprevenidas. Aquí, por lo sufrido, no opera la inteligencia de los organismos encargados de prevenir el delito y la violencia. Nada se puede presagiar ni calcular. Las fuerzas del orden son escasas y “reaccionarias”, sólo responden, generalmente tarde, sobre hechos cumplidos. Pero como artimaña para ‘descrestar calentanos’ cuando el instante es muy grave, se convoca de urgencia un “Consejo de Seguridad”, secreto, protocolario, burocrático, que al final tampoco sirve para nada, pues tan pronto termina –dura unas dos o tres horas- la perturbación pública sigue campantemente igual.

La impotencia y el miedo de los ciudadanos es evidente, ya nadie puede departir con sus amigos y familiares tranquilamente en ninguna parte, a ninguna hora. Pero, hay que hacer algo, de lo contrario, la avalancha de violencia, maldad, desconcierto, terminará arrasando lo poco que queda de cultura, civismo, solidaridad y decencia. Son muchas las alertas tempranas –bueno, ya ni tan tempranas- que no se han tenido en cuenta.

Criticar es fácil, dicen los irresponsables burócratas que no han sido capaces de manejar ni controlar la situación. Pero ante el evidente desorden público, debemos proponer soluciones entre todos aquellos que vemos el nubarrón y la tormenta sobre nuestras testas.

Proponemos organizar un Foro Permanente por Quilichao, del cual resulte un código de ética ciudadana y un memorial de exigencias de estricto cumplimiento, con la debida vigilancia pública, dirigido a la burocracia ineficaz local, departamental y nacional –civil (administrativa y de control), militar y de policía. En dicho Foro deberán participar, con análisis y ponencias, quienes de alguna manera han construido el Quilichao que hoy padecemos (todos los “ex”): alcaldes, concejales, gerentes y directores de instituciones públicas, parlamentarios, educadores; además, dirigentes cívicos, periodistas, personalidades quilichagueñas que trabajan o viven fuera de la ciudad pero que pueden hacer importantes aportes a la causa cultural, humanitaria y cívica que se propone, y en fin, a todos los que deseen discutir realidades y plantear soluciones y compromisos.

No se trata de hacer cargos, llover sobre mojado o señalar responsables; se trata de ser sinceros, mirar la realidad y de manera patriótica y decorosa, tratar de contribuir a salvar esa historia quilichagueña que ayer nos enorgullecía pero que hoy nos hace avergonzar. Es rescatar nuestra memoria, no de manera oficinesca para cumplir con gaseosos proyectos de ‘bicentenario’, sino como una vivencia cotidiana y responsable que cada ciudadano quilichagueño elabore orgullosamente por el bien propio, de su familia y de sus vecinos, y así sí, Santander deje de ser “tierra de nadie”.

2 comentarios:

  1. Señor Luna.
    Desde hace mas de un año estoy viviendo en Santander de Quilichao, he notado con asombro el deterioro que se a presentado en lo corrido de este tiempo y el papel nefasto que cumplen las autoridades locales; en ocaciones en las que llamado a la linea 123 para solicitar servicios de la policia con el fin de solicitar patrullas para control de escandalos me he encontrado con la sorpresa que nadie contesta dicha linea, no se si la policia solo trabaja en horarios de oficina pero me queda la duda. En la misma linea los muy esporadicos controles a las motos se reducen a unos cuantos ciudadanos que transitan por el parque, jamas he visto un reten en otro lugar, lo que si he visto es que mientras solicitan documentos de motos a su lado pasan a notable velocidad autos conducidos por borrachos y no pasa nada... la imagen que me queda de todo esto es que no hay ley ni orden, la autoridad no existe en la forma que deberia operar, si no se hace algo pronto se podria profundizar facilmente en el caos anarquico que se esta gestando..... Atento: Silvio DVries.

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  2. Anónimo ha dejado un nuevo comentario en su entrada "El gran samán de Santander de Quilichao":

    Viví en ese pueblo por casi un año en 1989. trabajando para CIAT. allí perfeccione mi castellano, y conocí a gente maravillosa, pero me entere años después, que a ese bello paraje, llego la violencia, y que se mataba mas gente allá que en todo EU. eso no lo entiendo, por que es muy compleja la historia política de su país. pero uds. son gente maravillosa, y felicito a este sr. que escribió este exótico comentario de ese increíble árbol, saludos desde berlin

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