FABIO ARÉVALO ROSERO MD
Es esencial asumir con inteligencia las celebraciones de fin de año. En países como Colombia, para la mayoría de personas la Navidad no es motivo de regocijo y fiesta. Al contrario a pesar de añorar la época, las decepciones son más grandes que las satisfacciones. Hay menos paz en la Tierra, más hambre y más necesidad de reconciliación. El odio es tanto que ahoga el persistente canto de estos días: Paz al de buena voluntad. El repicar cobró amplitud: Dios no es sordo, ni ha muerto aún. El bien, no el mal, ha de triunfar. Insistimos: Paz al de buena voluntad.
El cambio climático y otros desastres naturales han inducido efectos catastróficos. Las inundaciones han provocado enormes tragedias, miseria y tristezas infinitas. Pero para sectores minoritarios y con intereses particulares, la tradición debe mantenerse con todo tipo de fiestas y excesos. Para descargar su conciencia y disimular su falta de solidaridad, algunos hacen aportes exiguos. Utilizan como locos sus automotores, contaminando y aumentando el riesgo de tragedias. Promueven discriminatorias y absurdas cabalgatas urbanas que reflejan no solo maltrato animal, también sesgo social y carencias.
Hacen parte de la exigua minoría del mundo que apoyan corridas de toros, con el aval de gobernantes sin criterio y con más ánimo populachero. Malas prácticas humanas que llevan a desequilibrio medioambiental. Eventos festivos contrarios a la promoción de un planeta sostenible que contribuya a mitigar los desastrosos efectos del cambio climático. A pesar de ser una minoría, en algunas regiones del país, tal vez por la pusilanimidad de algunos dirigentes, logran imponer su voluntad. Pero en buena hora y para ejemplo nuestro, Ecuador convoca a referendo para prohibir las corridas de toros, como ya lo hizo Cataluña en España.
¿Quién gana realmente en estos festejos de fin de año? Estamos seguros que no serán aquellos que para deshacerse de sus culpas abusan del licor con todos los riesgos que ello conlleva. O quienes creen que pueden quemar sus amarguras y emociones reprimidas en medio de ruidosas e inflamables sustancias explosivas. O aquellos que se olvidan que su cuerpo tiene las mismas exigencias durante todo el año y acentúan su sedentarismo abusando de comidas que alteran el peso, el metabolismo y por lo tanto la buena salud.
Gana el sobrio que disfruta de un hábito disciplinado. Ganan aquellos que comparten con su familia expresiones de unión y afecto. Aquellos que en medio de tanta parafernalia hacen de la sencillez el principal motivo de alegría. Gana el que en medio de la injusta miseria aun mantiene la esperanza en un mundo de equidad. Ganan aquellos que obran con sabiduría, regalando solidaridad, alegría y afecto. La Navidad debe ser el mejor espacio de reflexión para que la condición humana se manifieste en lo más alto de su dignidad, lejos de la mundanal celebración y la vana frivolidad.
Que sean los niños los protegidos y los humildes los ensalzados, porque la Gloria será de aquellos que profesan justicia y fraternidad. “Sácanos oh Niño con tu blanca mano, de la cárcel triste que labró el pecado borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma de niño, da al mísero amparo… ven a nuestras almas, ven no tardes tanto. Ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios”
Apostilla: “Querido Niño Dios, este año te llevaste a mi cantante favorito Sandro; a mi actriz favorita Teresa Gutiérrez, a mi escritor favorito José Saramago, y a mi presentadora favorita Lina Marulanda..., Quiero decirte, que mi comentarista favorito es Carlos Antonio Vélez. Ven no tardes tanto...”
Mi regalo de Navidad
Me he dado a la tarea de editar y producir un álbum CD de audio, con 18 Historias de Navidad con lecciones de vida (musicalizadas). Contiene además cuatro “Bonus Track”: dos canciones de Navidad en grandes voces y dos temas del amigo Piero. Quienes lo quieran tener, pueden escribirme (entre hoy y mañana martes 21) al correo electrónico, incluyendo su dirección y número telefónico. A través de este medio se lo haremos llegar.

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