sábado, 4 de diciembre de 2010

WIKILEAKS O CHISMES DE ALTA COCINA

JOSE LOPEZ HURTADO*

Entre las funciones básicas de un diplomático, además de las de representar y negociar, está la de informar a su respectivo país sobre la economía, usos, costumbres y política del sitio en donde hubiere sido destacado.

Hasta hace algún tiempo, no sabemos si aún persiste la costumbre, el funcionario nombrado debía hacer un curso de mensajes cifrados que utilizaría en sus informes mensuales, prerrogativa soberana, respetada por los miembros de la comunidad internacional. Casi era como la impronta de su autonomía, y un corolario de su extraterritorialidad.

Bien o mal hecha la tarea, se asumía entonces como una potestad inapelable. Por lo tanto, el carácter de confidencial era propio a su misma naturaleza. De ahí que al escándalo de Wikileaks se le ha dado una connotación más allá de lo razonable y se ha querido tomar a su gestor, Julián Paul Assonge, acusado por delitos sexuales en Suecia y buscado en 138 países, como el chivo expiatorio del escándalo. Cuando lo que realmente hizo fue trasmitir al mundo, lo que en privado ya se sabía, o al menos se intuía. Que Vladimir Putin sea autoritario y machista, que Berlusconi, está afectado físicamente por sus francachelas, comilonas y orgías, que Sarkozy haya jugado a veces a dos bandas en el escenario mundial de intereses y que ha intentado obstaculizar la política exterior de los gringos, que Ángela Merkel sea poco creativa y utilice las debilidades ajenas de otros Estados, que el Presidente de Afganistán esté implicado en el negocio de la droga y en redes de corrupción, o que Israel a través de sus servicios secretos haya presentado planes de desestabilización contra Irán, o que E.U., haya querido aislar a Venezuela, o que Cristina de Kirchner puede tener serios problemas mentales, o de los celos de Brasil por la presencia de militares en territorio colombiano, son todas especies bien conocidas, en el ajedrez político de las ligas menores. Es decir en el lenguaje de los profanos.

Esas revelaciones para nada han afectado ni afectarán un ápice la geopolítica del mundo, que ya comienza a agotarse en su libreto de hegemonía dimanado de la Casa Blanca. El único corolario que vale la pena destacar de este asunto es precisamente el que tiene que ver con la forma como los Estados Unidos están acostumbrados a manejar al mundo. Con soberbia, con desprecio, sin ningún respeto posible que pudiera inspirarle sus propios aliados, muchos menos sus opositores.

Wikileaks no ha hecho otra cosa que mostrar al mundo la verdadera faceta del imperialismo decadente que se burla de sus amigos, que no respeta compromisos, acostumbrado a llevarse por delante las dignidades de los pueblos.

La gran virtud del espionaje electrónico de Assonge no es tanto su pericia como internauta, sino, básicamente, haber puesto en tela de juicio, una vez más, como nunca quizá, la cultura del secreto, base fundamental de la diplomacia, así solo sirva, como en este caso, para ridiculizar o burlarse de los amigos.

*Analista Internacional, colombiano.

1 comentarios:

  1. Los documentos secretos deben ser colgados por el bien de la humanidad y debemos conocer de una vez por tidas la realidad de nuestro sometimiento a los poderes terrenos debemos actuar contra esos complots debemos ser libres conscientes y tenera claridad de ideas necesaria para acabar con su control sobre nosotros debemos hacerlos terminar con su dominio

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