Por: Yamil Orlando Mendoza Chacón
Parece que la palabra “contaminación” no la tenemos claramente definida en nuestro en nuestro diccionario y lo que se percibe es que se asocia con aquello de que si no lo vemos, no lo sentimos, ni lo creemos.
En Cartagena, para darle un manejo “adecuado” a las aguas residuales, decidieron que lo más apropiado consistía en emplear una tubería que ingresara 4,2 Kms. aguas adentro en el mar; suponiendo, me imagino, que al alejar ese material y diluirlo en el agua, no se observaría y por lo tanto se estaría minimizando el problema de la contaminación.
Sería conveniente que el Ministerio del Medio Ambiente, le hiciera caer en cuenta a las diferentes entidades regionales que tienen que ver con el tema, que para evitar una contaminación no se requiere minimizar el impacto, sino manejarlo, en lo posible revertir el daño.
Lo grave de este problema es que se le pone más atención al dinero, que al daño que en sí mismo se empezaría a causar a nuestra fauna y flora marina.
Al iniciar toda clase de contratación tenemos claro que existe una serie de estudios que además de analizar el problema, presenta las posibles soluciones que a su vez se consideran dentro de un punto de vista social, ambiental y económico y para nuestro caso, da la impresión de que en ningún momento consideraron el impacto ambiental, sino la solución del problema social, sin tener en cuenta la parte económica y ambiental.
La parte económica, existía una plata para gastar y era necesario invertirla. ¿A costo de qué?.
La parte ambiental; esos recursos bien invertidos y con un debido asesoramiento, (universidades, entidades ambientalistas), habrían proporcionado una adecuada conclusión al manejo del problema.

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