jueves, 20 de enero de 2011

EL MAREMAGNUM DEL TRÁFICO EN CALI

Foto tomada a las 11:30 a.m.

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gmail.com

Hace unos cuatro días el taxista Alberto Chávez me suplicó que escribiera sobre un gran temor que lo asaltaba. Un temor basado en su experiencia diaria, en el sentido de la solidaridad que todo ciudadano debería cultivar en su jardín.

Nuestra ciudad, ya acostumbrada a los ruidos de la Feria, de la rumba, de los altoparlantes caseros en las noches, al rugir de los motores en las calles y al desorden colosal del tráfico ha visto desde el fin de semana aumentar su confusión por los trancones y las colas eternas.

Como de la nada, han aparecido multitud de guardas de tránsito para aliviar y dar paso con su pito a los afanados y afanadas camionetas, motos, automóviles, guapetones y conductores acostumbrados a ir a cien kilómetros por hora. Con las obras que se inician en la Avenida Colombia el paso por una de las vías más neurálgicas de la ciudad el tráfico por los alrededores del centro se ha visto supercongestionado, como dicen las damitas.

Por eso el temor de don Alberto, con el que también está de acuerdo mi conductora de cabecera. El paso por el puente que empieza junto a las instalaciones de Comfenalco sobre la calle 5 y que se dirige a la carrera 10, con el inusitado aumento de vehículos hacia el centro y los desvíos y variaciones que ha sufrido el tráfico, puede poner en peligro la vida y la integridad de quienes deben atravesar por esa vía.

Vale la pena que la Secretaría de Tránsito con sus asesores calibre una posible emergencia ante la posibilidad de que la resistencia de los materiales del puente no aguanten el sobrepeso a que está siendo sometido. ¿Qué dicen los calculistas, los ingenieros civiles, de vías, los constructores? ¿Fue construido como puente “de paso” y no como capaz de sostener al mismo tiempo por varios minutos de trancón a todo un montón de vehículos en su lomo? Sobre él se ven alimentadores llenos del Mío, busetas con pasajeros, camiones cargados, automóviles, como un ciempiés gigante con carga desmedida en horas pico. Y no una sola vez al día o dos cada semana.

A la Alcaldía, a la personería, lo tocará evaluar y solicitar concepto técnico sobre este asunto tan grave. La Sociedad de Arquitectos, de Ingenieros debería tomar a su cargo el estudio de este riesgo que afronta la ciudadanía y, por lo menos, poner en alerta estrategias para evitar la supercongestión y, tal vez, una tragedia de grandes dimensiones. La guarda Olaya frente al Inter quedó de decirlo al oído de su jefe.

El temor justificado de don Alberto le hace un favor enorme a la ciudad. Hacen falta ciudadanos cívicos y autoridades atentas que sean rápidas para identificar fallas y resquicios por donde el bien general pueda afectarse. Más vale una alerta sana y a tiempo que mil guardas echando pito en cada cuadra y que no vean el peligro ante sus ojos.

19-01-11 - 10:15 a.m.

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