“... el libro de Ingrid debería servirnos más que para una exploración literaria, como materia de reflexión acerca de la tragedia nacional que representan los secuestrados del país”.
Gloria Cepeda Vargas
Hace poco intenté comentar brevemente "No hay silencio que no termine", el segundo libro de Ingrid Betancourt. En esa oportunidad me limité a contar lo que representa su escritura bien armada y su discurso testimonial.
Ahora, con la noticia que anuncia la probable liberación de los cinco secuestrados anunciada por las Farc, pienso que el libro de Ingrid debería servirnos más que para una exploración literaria, como materia de reflexión acerca de la tragedia nacional que representan los secuestrados del país.
Sé que Colombia no es campo fértil para la fructificación de las políticas de izquierda. Que la herencia chapetona y el resultado de un mestizaje negado por unos y aceptado por otros, unido a esa comparsa de oidores empelucados y abolengos provenientes del azar y el dinero, nos hicieron así. Entiendo que es más fácil hibernar a la sombra de mitologías parroquiales que intentar sacudirse el polvo del abandono, pero creo que ante la dramática situación que vivimos, sería saludable tratar de acompasarnos al estremecimiento del planeta.
Sabemos hasta la saciedad que la mentalidad troglodita de las Farc no dará su brazo a torcer. Inútiles fueron los ataques epilépticos del presidente Uribe y sus arengas jupiterinas. A más de hacer "los aires de la patria" totalmente irrespirables, el país pasó de una escisión amañada a una polarización peligrosa. En medio de esa orgía de palabras y ademanes sin Dios ni ley, la guerrilla siguió su curso asesino y los secuestrados continuaron llevando sol y agua a granel en el infierno de una selva que para los de este lado sólo existe en el mapa.
Ahora la guerrilla ofrece esta liberación "como desagravio" a Piedad Córdoba. Estemos o no de acuerdo con la ex senadora, debemos aprender a distinguir lo básico de lo secundario. Y lo fundamental en este caso es la liberación de esos hombres y mujeres que parecen existir sólo en la tozudez de "Las voces del secuestro" y en las pruebas de supervivencia que llegan a cuenta gotas. No son Piedad Córdoba si sus actuaciones de luz y sombra. Mientras Colombia no selle los forámenes que amenazan con hundirla, de nada servirán ni constituciones ni "Honorables" en acción. Hasta ahora, su mediación es el único camino visible. Vivimos momentos álgidos y hemos de obrar en consecuencia.

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