LAS MOTIVACIONES DE UN ESCRITOR
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gmail.com
El escritor tiene a su disposición las teclas y su pantalla en blanco. De oprimir aquellas y llenar la cuartilla del plasma con su imaginación, sentido común, humor, rabia, noticias, informaciones y comidillas.
Porque el escritor vive de eso. Su materia prima es su mundo interior y a través de él interpreta la diversa realidad externa que muestra sus aristas. No la puede ver íntegra, en su totalidad. Está limitado por la miopía natural que no deja ver sino lo superficial, lo aparente. La llamada realidad es una utopía. Ni los microscopios, ni las fiscalías, ni los jueces podrán jamás hallar la verdad en paños menores ni hacer un paneo de las conciencias.
Muchos foristas extremos y comentaristas en sus cabales quisieran que el escritor fuera la medida de la justicia, de la venganza, de la igualdad. Que escribiera sobre sucesos gratos, que no insistieran en ver con ojos críticos lo que sucede delante de sus narices. Sucede que los animales y las plantas nacen, crecen y mueren. Tienen una vida muy uniforme. Aunque también se enferman y los llevan a las clínicas. Pero no atracan ni roban ni llevan en su auto la señal santa del rosario que los identifique como buenos. También retozan sobre la yerba, se lamen las plumas y acicalan picos y axilas. Raramente una planta o un animal producen una noticia. A no ser cuando están en peligro de extinción o sufren las consecuencias de la crueldad y negligencia del hombre.
Por ello el escritor debe ocuparse de relatar, de denunciar e informar sobre las señales que el hombre va dejando a su paso por el planeta. No sólo de pan vive el hombre, dijo una vez alguien con sentido común. No sólo de poesía se vive, ni de escatologías, ni de ciencia y tecnología. La vida del ser humano está teñida como el arco iris. De toda una gama de vivencias, como fracasos, alegrías, tristezas, aburrimientos, carcajadas, sorpresas, niñerías y descubrimientos. Esa es la materia prima que toma para su trabajo quien escribe novelas, crónicas o guiones para cine. Y a veces hay que repetir las escenas, porque la masa es olvidadiza.
Cuando se abre un periódico o una página de Internet, el ojo moderno y actual no debería extrañarse de encontrar basura o tesoros o cotidianidades. Deberá estar dispuesto a verse en el espejo sin sentirse ofendido. Nadie es como uno. Todos pensamos distinto y vivimos la existencia en la forma que fuimos educados o en medio de las oportunidades que se nos han presentado. Los medios de comunicación reflejan sólo lo que es el humano. Unos serios y trascendentales, otros simples y obtusos, otros épicos y guerreros, otros impertinentes, otros chistosos y burlones, unos castos y otros procaces y obscenos.
¿Quién dijo, acaso, de esta agua no beberé? Vivimos en este mundo díscolo y nadie va a cambiarlo con su rabieta e insultos o disparando tiros al aire, o con risas y oraciones. Si usted piensa eso, desenchúfese, como dice la tele y váyase al desierto con el eremita. Allí charlará con la arena, el camello que pasa cansado, el sol, las estrellas y la poca agua del oasis. Comerá hierbas secas, gusanillos y dátiles y se olvidará de la radio y del ruido.
08-01-11 - 10:16 a.m.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada