jueves, 27 de enero de 2011

 
TALLER DE PALABRA MAGA CON MARGA LÓPEZ
Marga finaliza su taller en la Casa Quintero de Roldanillo

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

Es un placer precioso – enmohecido –
Encontrar un Libro Antiguo –
Con el Ropaje que usó su Época –
Un privilegio – creo –
Emily Dickinson

Durante la semana de conmemoración de los 30 años del Museo Rayo en Roldanillo, la poetisa laureada con corona de rosas en Cali, Marga López Díaz, vino a reunir en torno de si a poetas, escritores y noveles amigos de las letras. Ella llama talleres de poesía a estas reuniones. Son 12 o 20 o 30 jóvenes o poetas de largo tranco quienes vienen a disfrutar con ella de su en-canto y hálitos de luz salidos de su vasta erudición. Son relámpagos traídos con oportunidad para llenar la sed de quienes preguntan o quieren profundizar sobre el tema que se trata.

Ella aclara siempre que su trabajo con la palabra no es una escuela para que de allí salgan haciendo versos los que acuden, convencidos de que son ya unos poetas. No. Es lo que menos querría hacer esta mujer de cabello largo y voz de hoya purpurina. En sus noches y lunas entresaca de la obra de los poetas con los que dialoga de día, sonetos, décimas, odas y considera son joyas que bien vale ofrecer en el festín de sus talleres. Lee, como si estuviera reviviendo el momento en que salieron los versos de la mente de sus creadores. Sean poemas “de origen”, amatorios, de muerte o de canto a los secretos de la vida. Han pasado Homero, Safo, Virgilio, poetas ancestrales de Egipto, de China, Japón, Dante, Herrera, Juan de la Cruz, Lope de Vega, Quevedo, Keats, Blake, Emerson, Dickinson, Juana Inés, Mistral, Ibarbourou, Borges, Neruda, Agustini, Silva, Rivera, Meira Delmar…

A su taller llegaron esta vez, Gloria Cepeda Vargas, Mary Grueso Romero, el monje loco Elmo Valencia, Medardo Arias y Miguel González y el arquitecto Leopoldo Gout que diseñó los ocho módulos que componen hoy la sede monumental del Museo Rayo, para gozar de los gracejos y apuntes de la directora del taller. A su vez, ellos regalaron su opinión de los grandes artistas que son de su predilección. Estaban allí también, Gloria María Medina, Beatriz Castelblanco, Piedad Morales y una docena de jóvenes los escuchaban ante la improvisada ronda poética que resultó de la manga de maga de la poeta de La Ceja, Marga López.

Nunca se había oído en el taller tal profusión de anécdotas, de vivencias, de vidas consagradas a la lectura y escritura sobre la palabra que encierra sentimientos e ideales, pesares y amores y dejan ya una estela de versos y realidades que vagan y pregonan el nombre de sus autores. Pudimos apreciar en su dimensión cabal el estilo, el uso de su verbo, la claridad de su genio y la música que tocaban sus gargantas.

Desde su inicio el Museo Rayo ha contado con estos talleres de literatura y poesía que dan un aire de refresco y de universalidad a quienes se sienten atraídos por conocer libros y autores y oyen en cada sesión voces que la Maga López Díaz saca del cofre de su afán por descubrir escritores de valía ante los asistentes que acuden a su llamado de sirena.

Felicitaciones, Museo Rayo. Qué bueno tener en su haber este tesoro de una lengua, de una voz, de una estrella que trina como toda una ruiseñora.

27-01-11 - 9:24 a.m.

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