Por: Luís A. Barrera M
Llegó el año nuevo y con él, el partidor en la carrera política de quienes aspiran a ser elegidos en Octubre como los nuevos gobernantes de los pueblos y los voceros en los Concejos Municipales y las Asambleas Departamentales. Como quien dice, ¡patos, al agua! porque “pato no es el que se tira al agua, sino el que sabe nadar.”
El proceso de una auténtica descentralización del país ha tenido un lento avance durante el último tiempo, a pesar de constituir un elemento crucial para el desarrollo económico y social del país, ya que permite acercar la toma de decisiones a las personas en materias que les son de muy alto interés y afectan cotidianamente sus vidas.
En este sentido, resulta imperativo continuar realizando ciertas transformaciones a la actual institucionalidad regional para poder responder adecuadamente a los cambios sociales, culturales y económicos experimentados, los cuales deben tender a redistribuir el poder político y acrecentar la devolución del poder a las personas, para que el elector primario pueda elegir libremente en una acción de cultura electoral. Sobre estas materias existe un variado número de propuestas de las más diferentes características, que hacen necesaria una reforma integral para establecer una verdadera democracia regional en nuestro país.
No se puede negar sin embargo, que la participación directa de los ciudadanos en la elección de sus mandatarios regionales imprimió mayor fortaleza, legitimidad y autenticidad a la representación, lo cual contribuye a un mayor nivel de compromiso y responsabilidad en el desafío de ir creando identidad regional y cultura ciudadana.
La buena elección de los próximos gobernadores, Diputados, Alcaldes y Concejales apunta a transferir al ciudadano, y no a los partidos políticos ni a sus coaliciones, gavillas y componendas, la decisión final de elegir a sus representantes. La sana y libre competencia de ideas y propuestas debe permitir que todas las fuerzas políticas existentes, que así lo deseen, puedan presentar candidatos a la ciudadanía y que tengan la posibilidad real de competir por la obtención de un escaño. Así, debe ser a través del voto ciudadano que se dirime realmente entre las candidaturas existentes, lo que implica ampliar la capacidad de decisión del ciudadano.
Dios permita que los candidatos a corporaciones públicas, gobernaciones y alcaldías, tengan al menos como principios generales: respetar lo legal y privilegiar lo justo, esmerarse en ser considerado un buen ciudadano, -por justo se entiende lo que es considerado como bueno y conveniente por el pueblo- respetar todas las etnias, su historia cultural y tradiciones, y contribuir a su sostenimiento y desarrollo, facilitando el uso y beneficio de sus propios recursos.
Como también, esmerarse por ofertar productos y servicios de calidad: seguros y competitivos, mejorando la calidad de vida de todos, apoyar la mejor tecnología existente y desarrollar e incorporar las más avanzadas tecnologías que atiendan las necesidades de los consumidores, privilegiar la creatividad como principal fuente innovadora de las comunidades desarrollando trabajos individuales y colectivos. Buscar el crecimiento armónico, en términos espaciales, de los ciudadanos y actividades económicas, así como desarrollar relaciones respetuosas y equitativas en el nivel nacional e internacional, prefiriendo alianzas con regiones afines y bloques de base macro regional y centrar el propósito de desarrollo en el hombre y su medio ambiente.
Pero sobretodo, entender que cuando se llega a los cargos públicos cada día hay que aprender algo nuevo y cada día hay que ser mejores, buscando la perfección, consultando al que sabe. Ser constante. Cultivar el orden, la limpieza y la disciplina. Respetar a las personas e incluso a sus detractores. Proteger celosamente el medioambiente. Liderar antes que supervisar. Y saber que si no se gobierna bien, se puede “subir como palmera y caer como coco.”

En colombia lamentablemente no se gobierna con ideas, sino con hombres.
ResponderSuprimirPara el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad.Mi deseo es que aspire gente comprometida con los pueblos y las comunidades.
ResponderSuprimirDebe ser muy grande el placer que proporciona el gobernar, puesto que son tantos los que aspiran a hacerlo.De los aspirantes a Gobernación del cauca, parece que ninguno convoca o despierta el interés de las gentes.
ResponderSuprimirLos pactos políticos, las coalisiones, las componendas , las roscas entre fracciones adversas son siempre de mala fe,buscan los intereses personales de quienes las hacen para llegar al poder so pretesto de ganar las elecciones aunque sean convenientes. No me convencen los actuales aspirantes a la gobernación del cauca.
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