En el marco del V Festival Internacional de Poesía La Palabra en el Mundo, la revista "Isla Negra", dirigida por Gabriel Impaglioni, dedica el "Gesto Poético" de este año a la memoria del poeta salvadoreño Roque Dalton. Correos de poesía requeridos en convocatoria universal, solicitan "El urgente compromiso de la justicia salvadoreña para que los autores del terrible homicidio no sigan impunes".
El 10 de mayo del 2001 se cumplirán 36 años de su asesinato. A propósito del Premio de Poesía que le fue concedido por Casa de las Américas en 1969 mediante decisión unánime de un jurado compuesto por prestantes figuras de la literatura hispanoamericana, dice Mario Benedetti: "Se premia no sólo a uno de los poetas más vitales y removedores de América Latina sino a uno de los que mejor ha sabido conjugar el compromiso político con el rigor artístico".
![]() |
Fue teórico brillante de la lucha armada y figura emblemática de la convulsionada historia política y social de América Latina. Su asesinato se califica hoy como un error atribuible a la inmadurez y dogmatismo de la izquierda a la cual pertenecía. Su cadáver fue abandonado en un paraje denominado El Playón y devorado por los perros y las aves de rapiña.
Dos veces se libró de ser fusilado. Atrás quedaron su risa contagiosa, tantas veces celebrada por ese niño grande que fue Julio Cortázar, sus amados poetas franceses, la pasión por las cosas en que creía, las mujeres que lo siguieron ciegamente.
Se consumió intentando remediar los atropellos que a diario se cometían en su país. Al respecto dice Elena Poniatowska: "Deberían dar premios de resistencia por ser salvadoreño. Roque nunca va a descansar en paz. Sufría de amor por El Salvador, se moría de frío por El Salvador y de rabia y de risa. De Roque todos hablan a risa abierta como si no lo hubieran matado el mes en que cumplía 40 años. Fue siempre un sorprendido, un cielo tomado por asalto, una risa interrumpida".
Sólo hoy, a 36 años del crimen que privó a la conciencia latinoamericana de uno de sus voceros más lúcidos, empieza a nombrarse en voz alta "El caso Dalton", hasta hace poco oculto o mencionado a medias.
Su adolescencia y juventud transcurrieron marcadas por una de las más encarnizadas persecuciones políticas contra la izquierda salvadoreña. Sufrió hostigamientos, cárcel y exilio impuestos por las dictaduras de turno en su país. Así lo dijo en "Poemas de la Cárcel": "La celda es oscura y silenciosa/ ¡Ah la luz de tus ojos! ¡Ah tu voz!".
Conocedor de las sórdidas entrañas del sistema que ha regido por siglos los pueblos enclavados al sur del Río Grande, a la reconstrucción social y política de El Salvador dedicó sus afanes nutridos en diferentes disciplinas del conocimiento: "Aida, fusilemos la noche/ y la terrible miseria colectiva/ aquí tenemos estas cuatro manos/ y tenemos mi voz...". Su poesía de amor es una mezcla apasionada de nostalgia y entrega: "Cuando anochece y tibia/ una forma de paz me cerca/ es tu recuerdo, pan de siembra, hilo místico/ ¿qué me dará la espuma, el polvo?/ pero es tu soledad la que puebla mis noches/ quien no me deja solo/ a punto de morir/ somos de tal manera/ multitud silenciosa".
En contraposición a la solemnidad que a menudo ensombrece la escritura latinoamericana, la suya es una palabra desprovista de falsas blanduras. Por tres veces consecutivas recibió el Premio Centroamericano de Poesía y el 11 de diciembre de 1977 la Asamblea Legislativa de El Salvador lo proclamó "Poeta Meritísimo". Como en el caso de Miguel Hernández, es imposible desvincular las ejecutorias de su vida de lo que expresó en más de una docena de ensayos, poemarios, novelas y crónicas políticas. "Mía junto a los pájaros" (1957) "La ventana en el rostro" (1961) "El mar" (1962) "El turno del ofendido" (1963) "Taberna y otros lugares" (Premio Casa de las Américas, 1969) "Los pequeños infiernos" (1970), son algunos de sus poemarios publicados. Su obra póstuma quedó registrada en títulos como: "Pobrecito poeta que era yo" (Novela-collage, 1976) "Poemas Clandestinos" (1981) y Antología Poética" (1994).
Visto en retrospectiva, aparece como un iluminado constructor de utopías. Días en atropellada sucesión, pugna entre la fuerza brutal y la luz del pensamiento de cara a una generación con la que se siente comprometido: "Esos jóvenes sin más edad que la esperanza -dijo- preguntarán quiénes fuimos, quiénes con llama pura los antecedieron, a quiénes maldecir con el recuerdo. Bien. Eso hacemos. Custodiamos para ellos el tiempo que nos toca".
No fue un poeta controversial porque sí ni el debate revistió para él características intrascendentes. Su canto acogió la difusión de un estado del alma. Porque la poesía no es sólo expresión almibarada o acomodaticio registro de la propia historia. La poesía simple, ese trozo de tela donde el hombre común despliega sus afanes y la mujer borda flores y pájaros, la que se sienta a desayunar con el obrero o respira libremente en la calle, es la gran triunfadora del olvido. Lo dijo con su desenfado proverbial: "Poesía, perdóname por haberte ayudado a comprender que no estás hecha sólo de palabras".
ESTA SORTIJA DE HUMO
Esta sortija de humo que aquí veis
hermanos de la arena
a pesar de la noche
heredada en un rato de descuido
¿acaso es el anillo
perdido en la barriga del delfín?
¿acaso fue dogal de hueso fétido
fétido digo yo
de tanta vida incalcinable?
No
se trata simplemente
del desgastado símbolo del sueño
atado estoy a él
y por su medio a la eficacia del dormido
a sus agudas sílabas de niebla
yo no tengo la marca de la frente o los ojos
sólo este anillo de humo.
Roque Dalton

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada