lunes, 14 de febrero de 2011

ALBERTO ARBOLEDA ZÚÑIGA

Rodrigo Valencia Q

Especial para Proclama Del Norte

Del artista payanés Alberto Arboleda Zúñiga sabemos poco, porque desde hace muchos años se instaló en Bélgica. Nació en 1925 e inició su carrera como ceramista, y ha expuesto en Bogotá, México, Roma, Bruselas, Copenhague, y otras ciudades del orbe.

En 1990 fue invitado por el Festival de Música Religiosa de Popayán y realizó una exposición en la sala del Banco de la República de esta ciudad. De mis notas tomadas acerca de esa exhibición, puedo transcribir lo siguiente:

Ilustración: Instrumento Musical llamado Pavo Real, Museo de Antioquia
A estas alturas, cuando la experiencia estética ha experimentado tantas transformaciones o replanteamientos, y cuando la exégesis del arte se nutre de conceptos y significaciones intelectuales más que de bellezas intrascendentes o vacías, decir que una propuesta plástica es bella resulta algo sospechoso, anacrónico, gratuito y sin mayor incidencia valorativa de la obra. Mas, en los cuadros que he mirado de Alberto Arboleda, lo bello se afirma con determinación, altura y significación sustancial; forma parte de la esencia la obra; invade el ojo con cualidades especiales, obliga a contemplar las formas y a gravitar en torno a ellas; tiene magia insistente, atrae sin distraer y convida al éxtasis de los sentidos. Su exótico mundo alborea entre un mundo muy propio, original, genuino y singular; minucioso en el detalle, barroco, evocador de acentos del Art Noveau. Elabora matices plásticos con signos de culturas prehispánicas, arabescos que entretejen una riqueza textural minuciosa en artesanía, y los episodios están cargados de caracteres insospechados, filigranas en insólitas transformaciones, intransigente con los facilismos del oficio que pululan hoy en día. Elementos de la naturaleza, plumas, palillos, etc., se incorporan a estos collages-ensambles, dotando la obra con fuerza telúrica y el sello de un chamán que labora rituales para decantar nuevos procesos de la estética.

Para nosotros ha sido sorprendente, llamativo y gratificante conocer esta faceta de un artista de Popayán que vive entre los espacios refinados de la cultura europea. Suficientes minucias nos dieron a entender que el arte enriquece la mirada, que la percepción se despierta con razones nuevas, que el artista ve el mundo desde una perspectiva original, sui generis. El sincretismo formal y conceptual de Arboleda es un acto unitario, donde cerebro, sensibilidad y emoción rigorizan el acto creativo. Supuse yo que el órgano generador masculino, que aparecía insistentemente como símbolo idealizado por el diseño lineal, quería comunicarnos, dentro del decorado general, la fuerza genésica que desvela y enreda todo el cosmos, abigarrado de preguntas y misterios.

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