domingo, 20 de febrero de 2011

BEBES CON ESCOLTA

Reinel Gutiérrez

Aunque se habla mucho de la seguridad democrática, hay que decir que los colombianos viven en convulsión y peligro.

En todo lugar y momento la tragedia ronda y cuando a alguien lo atropella un carro conducido por un borracho, en otro lugar una joven se quita la vida ahorcándose.

Mientras en los colegios los estudiantes sacan sus armas para enfrentarse, en otro sitio el religioso comete abuso sexual. En tanto que el funcionario se apodera del presupuesto, allá en el campo alguien pisa una mina explosiva y pierde la vida.

La falta de tolerancia es un detonante de mucho peligro y sólo una mala mirada es suficiente para que haya una riña. La inseguridad es tan grande que los recién nacidos ya necesitan escoltas porque en los hospitales están vigilantes hombres y mujeres que quieren arrebatarlos a sus madres. Muchas generaciones crecieron alucinadas y confiadas en que la dulce compañía del Ángel de la Guarda, las protegía, pero de haber sido cierto, en este tiempo el aludido espíritu invisible, ante tanto peligro se esfumó.

Las medidas mínimas de seguridad que la gente tiene consisten en un vigilante a la entrada del conjunto residencial, rezar el santo rosario, colocar tranca a la puerta, instalar una alarma, observar por las rendijas, detectar políticos (perdón, corruptos), sujetar fuertemente el bolso, y no usar el celular por la calle, entre otras.

Pero esto no es suficiente ante la avalancha de hechos graves y de riesgo de la que no se salvan bebés, niños, jóvenes, adultos y ancianos.

Colombia, lastimosamente es un territorio de violencia, en donde el caso trágico forma parte de la lista de compras, y todos esperan que algo suceda para satisfacer la curiosidad hasta convertir esto en una costumbre. Para la gente un periódico, un noticiero de radio o televisión no son buenos, si no traen la dosis de sangre. Si la guerrilla se desmoviliza también hay que esperar que lo hagan los atracadores de la calle, los narcotraficantes, los ladrones del Estado, los expendedores de drogas, los pederastas, y secuestradores de bebecitos.

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