DE HOSNI MUBARAK A OTROS DICTADORES
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Es difícil ser bueno con el poder político en las manos por mucho tiempo y con toda la población callada por el miedo, por los auxilios que recibe y por la desinformación reinante dentro del régimen. Pero es más incompresible que un pueblo viva atado a él por tres décadas, como a una dinastía.
Como pasó en el tercer Reich de Hitler con Goebbels, Göring y Himmler, el mago de las comunicaciones e ilustrador popular, el del aparato de fuerza, los uniformes nuevos, la disciplina militar en colegios y la ración de comida y el de la SS, la guardia parda y divina. Como pasa en Cuba con la propaganda en TV, con los Consejos Revolucionarios del Pueblo y el suministro de comida por familias dentro de los planes de acción del gobierno. Sin contar, por supuesto, con las consignas seudo-religiosas y nacionalistas, los agentes encubiertos y la complacencia de amigotes foráneos.
Desde los sátrapas persas, los tiranos autócratas de Grecia, los arcontes y signori la autoridad sobre territorios y habitantes se ha teñido de divinidad, terror, magia, códigos secretos, armas, torturas, y poderes extremos para quien manda y sus ministros, magistrados y quienes coadyuvan a sostener el tinglado. Todos, bajo las cuerdas del jefe máximo, son movidos como títeres según el libreto y la hora.
Así ha sido siempre, en países donde han florecido las artes, donde creció el pergamino, donde existió Gargantúa y donde andaban los cafres con flechas. El género humano no ha aprendido las lecciones que enseñan el paso del tiempo, la ciencia, las arrugas, las guerras, el hambre, las tormentas, las traiciones y la tecnología. Sigue creyendo en mesías, dictadores, inquisidores, capos y genios que salen de entre botellas de whisky, con turbantes, cuellos engominados y montados en caballos con turbinas.
El hombre y sus mujeres no han perdido la ingenuidad inicial. Guardan en su cerebro las neuronas y casi nunca las usan. Ahí está su gran cofre, como Caja de Pandora, y no se atreven a abrirla. Esperan que se aparezca un salvador o un hada, un redentor para darle su voto para arrodillarse, sufrir y rendirle tributo. Se levantan cada día a producirle en las fábricas, a venderle sus productos, a pagarle por la sonrisa en la TV y se acuestan a soñar en su reino.
El mundo tiene sus ojos prendidos en El Cairo, en el Tahrir, la Plaza de la Liberación, en Yemen, en Túnez, en Jordania, en las multitudes que corren, en las llamas que arden por las ventanas. Oyen del joven incinerado, de las alzas de precios, del control del Canal de Suez, del desempleo, de la salida de los nacionales de otros países, de la actitud de lobo al acecho del gobernante en trono, de las palabras de Obama. Y piensa: “¿Será esta la hora de acabar con la farsa de 30 años?” ¿Con las farsas del hambre para el pueblo y la opulencia para el gobernante y sus amigos que llaman a su nación: demócrata, porque votan en masa cada cuatro años?
Ah, pobres pueblos, pobre humanidad atada a unas esperanzas, a una ilusión nunca cumplida. ¿Será la solución una coalición amañada, será un líder como Omar Suleiman o un consejero como Mohamed El Baraeid o un candidato de la Hermandad Musulmana? Sí, debe haber quien asuma el control y saque de la crisis a los millones que sufren esta enfermedad que se llama ambición de poder.
http://www.rtve.es/noticias/20110131/protagonistas-crisis-egipto/399881.shtml
06-02-11 - 11:01 a.m.


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