miércoles, 9 de febrero de 2011

El poder del entusiasmo

FABIO ARÉVALO ROSERO MD

Persuadir significa emplear la dulzura para que las personas hagan las cosas. La capacidad de ser dulcemente convincentes exige un proceso que nace del propio talento, la formación, los argumentos, el carácter, la experiencia y la seriedad. Para ello hay que ser una autoridad, un referente y casi un arquetipo que inspira confianza. La mayoría de políticos y gobernantes no están investidos de autoridad legítima, deben apelar a la manipulación, a la coerción por el poder que ostentan y al imperio del dinero que compra conciencias.

La sociedad colombiana en lo político está escasa de líderes o nadie les cree, salvo por las falsas relaciones que viciosamente crean de dientes para afuera. De allí el fracaso de la mayoría de programas que adolecen de la convicción ciudadana. Un proyecto de gobierno no se sustenta prioritariamente en un presupuesto, en la tributación o en las normas. Al menos el 50 por ciento del éxito está en la construcción de credibilidad. El político o dirigente posmoderno debe ser casi una celebridad que genere entusiasmo en sus seguidores y los motive a actuar constructivamente en equipo.

Desencadenar entusiasmo en una comunidad, es esencial para alcanzar una transformación que lleve a mejorar la calidad de vida. Una sociedad progresa si tiene un liderazgo confiable en sus gobernantes que entusiasman naturalmente a sus gobernados para un trabajo de conjunto. La suma de pequeñas acciones ciudadanas puede llevar a una gran revolución. Pero la mayoría de políticos no entusiasman a la gente. El entusiasmo para los griegos era poseer un Dios interno que guiaba con su fuerza y su sabiduría.

En Inglaterra existe un monumento dedicado al deporte del Rugby, antecesor del fútbol americano. La estatua muestra a un joven entusiasta inclinándose para recoger una pelota. En la base del monumento aparece esta inscripción: “Sin prestarle atención a las reglas recogió la pelota y salió corriendo.” La estatua y la inscripción están basadas en un hecho real. Se estaba celebrando un importante partido de rugby entre dos escuelas. En los minutos finales del encuentro, un chico que más que experiencia tenía entusiasmo y amor por su equipo, fue llamado a jugar por primera vez.

Olvidándose de las reglas, especialmente las que limitan el uso de las manos y conociendo que la pelota tenía que pasar en cuestión de segundos por la portería si quería ganar, el muchacho tomó el balón y, ante el asombro de todos, se lanzó a la carrera de su vida en pos de la línea de gol. Jugadores y árbitros quedaron petrificados. Pero los espectadores se sintieron tan motivados por el espíritu de aquel chico, que se pusieron de pié y lo ovacionaron prolongadamente. Como resultado de aquello nació un nuevo deporte: el fútbol americano. Y no surgió gracias a cambios en las reglas o a argumentos cuidadosamente trabajados. Emergió gracias al “error” de un joven entusiasta.

El poder del entusiasmo es una virtud asociada al poder de la mente motivando el querer, porque si el deseo es suficientemente grande cualquier obstáculo se vuelve pequeño. Es la actitud de hacer que las cosas ocurran, tomando la iniciativa y usando los recursos con imaginación. Y en política el poder de despertar entusiasmo, puede reemplazar a la tiranía del dinero.

Apostilla: Obramos como si el lujo y el dinero fueran lo más importante en la vida, cuando lo único que necesitamos para ser realmente felices es algo por lo cual entusiasmarnos.

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