Por Lic. Javier Enrique Dorado Medina
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IMPRESIÓN A: A PROPÓSITO DE UNAS CRÓNICAS DE TELEVISIÓN
En días pasados, una “prestigiosa” cadena radial y de televisión, dio a conocer en dos crónicas en su noticiero de las 7 de la noche, la situación real y descarnada de muchos jóvenes quilichagueños, quienes, según el noticiero, han caído en las garras fatídicas de las drogas, en especial de la terrible heroína, la cual se consigue a precios superbaratos, siendo la primera dosis gratis, la cual se convierte en el gancho perfecto para su posterior adicción y tormento personal.
Ahora bien, en sí mismo el informe es un fiel retrato de lo que sucede en nuestro contexto social actual, no desconociendo su impacto en todos los niveles, ni tampoco siendo ciegos o mudos ante el panorama presentado. Es una realidad imposible de ocultar, está allí en los muchachos adictos, en los lugares mostrados, en los sufrimientos de las madres y padres de familia, en la falta de cariño y afecto de parte de algunos padres y educadores, en la falta de planes y proyectos municipales a lo largo de muchas administraciones locales, en la falta de oportunidades para estudiar y trabajar, en la ausencia de políticas eficaces que atraigan a nuestros muchachos al buen camino, en fin, en el olvido de algunos estamentos oficiales a quienes les corresponde actuar a favor de los jóvenes.
De acuerdo con la forma cómo fue presentado el mencionado informe, dio la impresión de que sólo ocurre en Santander de Quilichao, como si nosotros los quilichagueños fuéramos los únicos en Colombia que llevamos esa pesada cruz ignominiosa, como una especie de lumpen que nos atosiga y desprestigia ante la faz del país, convirtiéndonos en una ciudad estigmatizada, donde nada bueno pasa, al decir de Antonio José Caballero en su famosa “tierra de nadie”, bonita manera de bautizar a su propia patria chica.
Y es que el problema o situación de las drogas ilícitas y su comercio es general, se da hoy en día en mayor o menor proporción en casi todas las ciudades o pueblos colombianos, incluso se ha acuñado o bautizado con el nombre de microtráfico. En vista de la gravedad del problema, el ex presidente César Gaviria propone asumirlo como un “asunto de salud pública”, sugiriendo también direccionar el debate hacia la prevención y atención a los adictos, en vez de castigar o prohibir, estando totalmente de acuerdo con sus propuestas.
Como nos damos cuenta, el problema no es sólo nuestro. Se ha convertido por obra y gracia de algunos medios de comunicación en algo inherente a nuestra identidad y nos han perjudicado, dañando otra vez la buena imagen de nuestro Santander de Quilichao, Tierra de Oro, de los Samanes, de gente buena, honrada y trabajadora, de deportistas, de Baterimba y de progreso.

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