domingo, 13 de febrero de 2011

LA EDAD DE PENSIONARSE LA DA LA CALIDAD DE VIDA

 
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
“Es hora de aullar,
porque si nos dejamos llevar de los poderes que nos gobiernan
y no hacemos nada por contrarrestarlos,
se puede decir que nos merecemos lo que tenemos”.

José Saramago

Un solemne mico salido de la oficina del Director de Planeación Nacional en pantaloneta, con sandalias y toalla de paseo, rondaba por la calle ayer sin rubor, como si fuera hijo de algún sabio o un senador. Se trata de un articulillo, muy pequeño, pero peligroso como un petardo de las Farc, que asomaba su fundillo por entre el Plan de Desarrollo que presentó el Gobierno actual a consideración del Congreso. Inverecundo, como cualquier mico. Insolente y atrevido.

¿Quién dijo que alguien a los 65 años no es todavía joven y puede trabajar en Planeación, en Palacio, en las Cortes, en la tienda de la esquina o en un chuzo a mitad de una acera congestionada?

Por internet Minprotección, el Sena y las cooperativas de trabajo ofrecen puestos a granel y quienes acuden son estos flacos y arrugados ciudadanos. E inmediatamente los eligen, les pagan buen sueldo, cotizan salud, pensión y les sobra para ir a cine y a Melgar. Perfectamente llegarán hasta los cien años en su edad y serán muy productivos. Y el Estado y la Industria y el Comercio les seguirán abriendo puertas. Igual que a los jóvenes recién salidos de bachillerato o universidad.

Esta es la idea que contiene el sorprendente articulillo del Plan de Desarrollo que desafortunadamente ya el Vicepresidente puso en evidencia y lo hizo desaparecer de un soplo.

Acaba de saberse cómo magistrados se han ganado la lotería con altas pensiones. Se sabe de las fabulosas pensiones de senadores, representantes, producto de las dietas más altas de América y tal vez del mundo. Se sabe que las empresas con las leyes 50, 100 y los decretos recientes apenas si pagan salarios bajos y que trabajadores nuevos cotizan el mínimo. Y que millones de trabajadores informales no pueden cotizar pues sus ingresos no alcanzan para su subsistencia digna.

Y al ingenuo Director de Planeación se le ocurrió meter este otro mico para frenar el pago de pensiones a ancianos con baja calidad de vida en Colombia. No hay paz laboral, pues cada trabajador tiene la espada de Damocles cada tres meses o a lo sumo cada año que termina su contrato. Sólo hay trabajo por medio de cooperativas ficticias y para recomendados a oficinas públicas.

De nada vale estudiar en universidad y calificarse si la ley otorgó a empresas y cooperativas el milagro de minimizar los méritos y estudios y pagar a un profesional como si fuera un raso albañil o un niño principiante avalado por sus padres putativos.

¿Quién puede decir que la calidad de vida, medida por excelentes servicios de salud, la seguridad social accesible y los buenos salarios, es comparable con países de Europa? ¿Que nuestra esperanza de vida y la vida laboral son saludables y decentes en nuestro país y por eso se nos quiere dar el mismo trato que en Suecia y Bélgica, Alemania y Suiza?

Nuestro Vicepresidente se ha quedado corto en su discurso. Sus ojos deben devolverse y mirar el termómetro de las ganancias de bancos, de industria, del comercio, de las EPS. Deberá compararlo con el alza de los salarios y la inaccesibilidad a la pensión de la mayoría de la gente que sufre al pie de un puesto informal en Colombia y el poco apoyo a los agricultores que nos dan comida a punta de azadón, sudores y acoso de paranarcos y guerrilla.

13-02-11 - 10:14 a.m.

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