Por: Luís A. Barrera M.
En Egipto, la rebelión popular continúa, la confusión reina. La calle mantiene la presión sobre el presidente Hosni Mubarak, y el ejército, desplegado en el país, no logra hacer respetar el toque de queda, ni el avance de un creciente malestar que preocupa seriamente a la comunidad internacional.
La suerte de Mubarak está echada, y ya sin el apoyo de Estados Unidos difícilmente ante la arremetida de la oposición se podrá salvar su gobierno. En Egipto vive un pueblo inteligente, de gloriosa historia, que dejó su huella en la civilización humana. “Desde lo alto de estas pirámides 40 siglos os contemplan”, cuentan que exclamó Bonaparte en un momento de exaltación cuando la revolución de los enciclopedistas lo llevó a ese extraordinario cruce de civilizaciones.
La Unión Europea (UE) ha seguido el ejemplo de Estados Unidos y ha aumentado hoy la presión sobre el presidente egipcio, Hosni Mubarak, a quien ha exigido que responda "a la voluntad de su pueblo" y abra inmediatamente el camino a una "transición pacífica".
Todo parece indicar que se acerca el fin de una dictadura de terquedad de tres décadas. El régimen egipcio es autocrático, corrupto y clientelista. Carece de libertades políticas esenciales para sus ciudadanos, exhibe niveles escandalosos de desigualdad social y viene reprimiendo a la población sin contemplaciones.
Ello, pese a que tiene un sistema político en apariencia más libre y competitivo que el que regía en Túnez, y ciertamente, más abierto que el que rige en Libia, Siria, Marruecos, Mauritania o Yemen, por citar algunos países de una lista más larga. Pero por sobre todo, Egipto representó uno de los llamados regímenes fuertes, precisamente porque su sociedad civil es débil y dispersa. Por lo mismo, en Egipto el fraude electoral fue moneda corriente y, en esas lides, Mubarak y sus compinches han demostrado ser consumados maestros.
El caos se apoderó de Egipto, donde la desobediencia civil crece hora a hora. La experiencia enseña, a pesar de todo, que las democracias impuestas no funcionan; pero también enseña que tolerar a las dictaduras como garantes del orden, a mediano o largo plazo genera problemas y que, con frecuencia, hay que pagar un precio muy alto por esa complicidad.
El Egipto de Mubarak nos ha enseñado que la dictadura es el sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio. Esta Nación Africana por la concentración del poder y el abuso del mismo la hizo a un estado en el que todos temen a uno y uno a todos.
La diferencia entre una democracia y una dictadura es que en una democracia, primero se vota y después se reciben órdenes. En una dictadura de imposiciones y aferramiento al poder no hay que perder el tiempo votando, así se asistan a aparentes elecciones como pretendía Mubarak con su hijo y frustrado heredero.
Pero a las dictaduras como la que construyó Mubarak en Egipto, les pasa lo que a las bicicletas; si se paran, se caen.
lualbamo@hotmail.com

Los Egipcios ya no quieren a Mubarak pues a durado 30 anos. Desde el asesinato de Sadat, Mubarak era el vicepresidente y se salvo por poquito ya que les tiraron tres granadas y una lluvia de balas.
ResponderSuprimirSadat fue el que negocio la paz con Israel, y Mubarak la ha mantenido.
Pero ahora ya de ochenta anos, se quiere retirar pero quiere dejar a su hijo.
Esto es lo que no quieren los Egipcios, ya quieren una transicion.
Estados Unidos estaba contento con Mubarak pues era garantia que los demas arabes respetaran a los judios.
Pero ahora no sabe que hacer, pues quitar a Mubarak abre la puerta a los extremistas fanaticos religiosos.
El tal Sulaiman, nuevo vicepresidente de Mubarak es un lacayo que dice que Mubarak es el padre de los egipcios.
Y no lo quieren aceptar pues seria lo mismo, y ademas solo seria la transicion para darle el poder al hijo de Mubarak.
Entre mas se tarde en soltar las riendas mas poder van a agarrar los fanaticos y es lo que menos quiere EEUU.
Lo que recomiendo al pueblo egipcio, supuesto que lleguen a una Democracia, es que NO CONSIENTAN EN SU CONSTITUCIÓN NINGÚN ARTÍCULO EN EL QUE LOS EXTRANJEROS TENGAN LOS MISMOS DERECHOS QUE EL PROPIO PUEBLO EGIPCIO. Como permitan que les metan aunque sea un solo clavo, alrededor de él crearán toda una mercadería para hacerse con el país, igual que nos ha pasado a los españoles. Les recomiendo que ellos mismos creen sus puestos de trabajo y su forma de vida. NADIE va a darles NADA GRATIS; por el contrario, van a pagarlo con un ojo de su cara. Es mejor vivir austeramente desde el principio que un extranjero te envuelva en algodones para terminar quitándote la comida y el territorio. ¿Democracia? Sí, pero de fronteras hacia DENTRO.
ResponderSuprimirMientras lo que pidan los egipcios sea libertad y democracia para tener derechos humanos, me parecerá perfecto. Si lo que van a tener es democracia para elegir a extremistas islamistas, creo que deberíamos preocuparnos.
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