miércoles, 23 de febrero de 2011

Lección de política moderna

FABIO ARÉVALO ROSERO - MD

Dirigentes y políticos poco originales han tomado el asunto de la movilidad como un lugar común. Para unos se convierte en muletilla sin sentido o la usan como frase de cajón, para congraciarse con una moda o una exigencia de la sociedad. Y lo que es peor, hacen propuestas descabelladas. Son los políticos que se preocupan más por su reputación que por su carácter, sin tener en cuenta que el carácter es lo que realmente somos, mientras que la reputación, es solo lo que otros creen que somos.

La movilidad debe entenderse como el derecho humano a la accesibilidad. Mientras no se conciba en su verdadera dimensión, los políticos así no lo digan, están pensando en cómo mover mejor sus carros, sus intereses, sus amigos y especialmente sus votos. La accesibilidad es la posibilidad de satisfacer ágilmente unas necesidades apremiantes de la comunidad con mejores facilidades de desplazamiento y la disposición de bienes y servicios. Las soluciones a la crisis de la movilidad, son complejas. El excesivo aumento de automotores circulantes y su uso irracional han llevado al colapso.

Pero esta crisis es esencialmente un factor de comportamiento humano. El mayor escollo está en la presencia de los políticos tradicionales (que se hacen elegir por la manipulación o compra de votos), ya que generan desconfianza y estimulan malas prácticas de la gente en el espacio público. Las personas necesitan ver lo que ellas tienen que ser y con semejantes modelos irracionales (en Colombia tal vez la mayoría) nos conducen al abismo. A estos incómodos y desafortunados dirigentes tenemos que indicarles que no importa lo que le digan al pueblo (no inspiran credibilidad), la gente insistirá en ser como ellos mismos.

Daniel el travieso con frecuencia corrobora esta verdad. En una oportunidad, mientras sostenía en sus manos su triciclo hecho añicos, le preguntó a su papá: “¿Cuáles son algunas de las palabras que dices cuando te aplastas un dedo?”. Había aprendido que existe una forma de comportarse cuando uno se siente frustrado. Y eso es precisamente lo que inspiran y motivan muchos gobernantes y políticos tradicionales en la sociedad al frustrar a la gente. Allí está buena parte del origen de la crisis y la solución a mano.

Una historia mítica nos da la explicación y la solución. Cuentan que alguna vez llegaron las aristocráticas, devotas y “benefactoras” damas de la caridad a suplicarle al oráculo: “Por favor oráculo dinos ¿cuándo acabará la pobreza?”. El oráculo en medio de su inmensa sabiduría les respondió. “cuando se acaben Uds.” La sociedad civil debe tener el suficiente carácter, grandeza y sabiduría para entender que la solución a los grandes problemas como el clásico ejemplo de la trajinada movilidad, está en desterrar a esa clase de políticos que se creen “damas de la caridad”, con sus ofensivas limosnas.

Es la primera lección de política moderna. La solución a tantos problemas críticos, requiere de grandes líderes, sabios, confiables, capaces de influir en todos los estamentos. Solo así podremos convocar y movilizar a toda una comunidad para un trabajo de equipo que a partir del control social y la autorregulación se promuevan buenas prácticas humanas. Un asunto de cultura humana y ciudadana que exige tener como cabezas a modelos inspiradores, legítimamente confiables.

Apostilla: Enseñamos lo que “sabemos”, pero reproducimos lo que somos. Enseñar a otros a que hagan lo correcto es algo maravilloso. Hacer lo correcto es más maravilloso aun. Este debería ser el principio esencial de los políticos, si quieren servir... de algo.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada