LOS LUNARES DEL GOBIERNO SANTOS
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Ese lunar que tiene Cielito linda junto a la boca, agrada a muchos, aunque uno solo lo puede besar, dice la canción. Los lunares del cuerpo en la mujer tal vez no tengan reparo, no importa el lugar en que la naturaleza los coloque. Y siempre serán alabados por los enamorados. Y las mujeres también envidiarán no poder besar algunos que exhiben los hombres. Mas no es de esos lunares físicos a los me refiero en este texto.
Es sobre los desaciertos que se ven en el gobierno de Juan Manuel Santos que ya cruzó el umbral del medio año. El hombre de la calle ya no ve la mirada airada, ni oye los señalamientos, ni las advertencias amenazantes del anterior mandatario. El poder no le bastaba y acudía a la fuerza de la voz y el gesto brusco. Abrir ahora la TV y ver a Santos hablando no causa rechazo. Sus ademanes son conciliadores y su lenguaje es calmado, lleno de razones. Excepto cuando califica a la guerrilla y a los delincuentes comunes a quienes trata de bandidos y criminales. Igual que el anterior. Usa un lenguaje militar y carcelero, no civilista. Sería un lunar en la lengua.
Cuánto hemos criticado al Congreso sobre ausentismo, introducción de micos, corrupción, mano débil en legislación para castigar la delincuencia de todo orden, dilación para estudiar y aprobar las reformas que el Presidente solicita. Pero el proyecto de ley que aprobó el Congreso de la pensión gracia a los maestros, Santos lo ha objetado. Decisión que lesiona a unos servidores tan mal pagos. Es un derecho que se ha ganado en nuestra legislación. A unos se les ha reconocido y a otros no, en contravía de la igualdad consagrada en nuestra Constitución. La no firma de este proyecto ya votado y aprobado en sus debates reglamentarios clava una estaca en el pecho de los maestros, un sector olvidado tradicionalmente en el país. Es un gran lunar en el corazón, de la prosperidad democrática.
Santos acaba de anunciar que la nación invertirá cinco mil billones en la recuperación del Río Bogotá. Gran avance dentro de las calamidades de nuestras cuencas. Pero eso no quita el inmenso daño que causan las concesiones mineras a nuestra ecología y, concretamente, a nuestras otras fuentes hídricas a las que se otorgan permisos sin la contraprestación de evitar el despojo, la erosión y el desplazamiento de habitantes y problemas para las regiones donde se inician.
No puede el gobierno Santos ignorar que estas concesiones favorecen inicuamente a consorcios extranjeros e intermediarios nacionales y que la Nación no recibe ni impuestos ni regalías dignas a cambio. Como sí se le descuenta al trabajador y paga el predial el simple vecino. Lunar quilométrico mancha a nuestro territorio a los ojos de periodistas nacionales y extranjeros. Santurbán es uno de los puntos críticos. A él se suman numerosísimos puntos en el mapa colombiano donde se explora y explotan carbón, oro, petróleo, ferroníquel y por lo que las exportaciones registran mes a mes millonarios índices.
Mal servicio le presta al país el ojo bizco y cegatón de los ministros de Minas, de Hacienda, de Ambiente, Planeación y Conpes a estos problemas más grandes que una manada de cien elefantes. Pero el lunar cae sobre todo el cuerpo del Mandatario que preside el Gobierno.
En mala hora aparece en el Plan de Desarrollo, de la Prosperidad concertada, un mico, como lo llaman los periodistas. Se intenta aumentar la edad de pensionarse, léase, el número de pensiones que no se pagarán porque la gente ya no las podrá disfrutar. Colombia no es un país que garantice salud, bienestar y calidad de vida, como para que se diga que la expectativa de vida aumenta como en los países ricos. No puede ser que el Presidente Santos insista en poner a consideración este artículo, a pesar de la avalancha de críticas que le llovieron. Un lugar más que cae en el centro de la democracia y la mentada prosperidad.
21-02-11 - 6:31 p.m.


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